lunes, 29 de agosto de 2022

II. Sol y cremas protectoras.


Beneficios de su “moderada” exposición e inconvenientes de la “excesiva protección solar”.








Si quisiéramos hacer un símil cinematográfico, la película de referencia sería
“El bueno, el feo y el malo”.

Por supuesto, el papel de bueno” estaría interpretado por las “Cremas de protección solar”. El “feo”, lo protagonizarían las  quemaduras, las arrugas, el envejecimiento prematuro de la piel, las cataratas y los diferentes cáncer de piel, desde el menos grave basalioma al temido melanoma. Todas ellas, lesiones producidas como consecuencia de exponerse al malo” por antonomasia, el “Sol”.

Este artículo es un intento por intercambiar los papeles y desmontar esa perniciosa creencia, mostrando los riesgos de las cremas protectoras e intentando que el Sol recupere la buena reputación que las culturas antiguas le prodigaban.


Galileo, aunque fue un hombre muy piadoso, es considerado el padre del Heliocentrismo pues no dejó que su visión telescópica del Cosmos fuera obnubilada por hombres sin ciencia y reconoció el lugar central que tiene el Sol, no sólo en el espacio, sino en la vida de los humanos sobre la Tierra. Estuvo sometido a la estupidez del poder dominante, de ahí su frase: Si los crédulos ilusos volaran el cielo estaría cubierto y no podríamos ver al sol”. Es conocido por todos, la organización a la que pertenecían los poderosos crédulos a los que se enfrentó y el daño que ésta le causó.

Se dice que los hipopótamos se protegen del sol con barro y no con cremas. Si imitando su ejemplo nos cubrimos los hombros y cara con una fina capa de “arcilla medicinal”, el ungüento de la arcilla de hidralgirita  con la que se forma el comestible “Chaco puneño” del altiplano peruano-boliviano, observaremos que no sólo nos protegemos del sol, sino que además deja la piel fresca y libre de grasas sebáceas.

Es decir que, en la fangoterapia, el sol estimula al barro para ofrecer una prodigiosa medicina que hipopótamos, cerdos, lagartos y otros especímenes,   conocen muy bien.

La arcilla está compuesta en gran medida por silicatos de aluminio, una sustancia que al ingerirse o aplicarse en el cuerpo no tiene capacidad de ser absorbida. Al usarla tópicamente tiene la virtud de formar un escudo metálico, una calamina de aluminio que nos protege del sol.

Un principio que debemos tener presente es que:

“Todo lo que vayamos a untar sobre la piel deben ser sustancias que podamos también ingerir por boca. Si degustáramos una cucharadita de alguno de los protectores solares al uso, su desagradable sabor nos alertará de que esa sustancia no es apta para el consumo humano.

Desgraciadamente la piel no tiene papilas gustativas, pues su sentido es el tacto y no el gusto. Por ello, aunque pueda deleitarnos el masaje de una crema, no podemos reconocer que, ese placer epidérmico, puede emponzoñar la sangre sigilosamente.

En general, aunque confiamos que estos productos han sido evaluados con rigor, no suele ser el caso. Es la industria fabricante la que los pone a prueba y emite los informes sobre su seguridad y eficacia.

En EEUU, la FDA americana no tiene poder para regular los cosméticos o protectores solares, su competencia son los fármacos y los alimentos. Durante varias décadas, el Senado americano ha intentado extender su potestad para incluirlos, pero la poderosa industria de cosméticos lo ha impedido sistemáticamente.

En contra de lo que solemos creer, gracias a la propaganda, el hecho de aplicarnos un protector solar no va a forjarnos un pellejo de titanio, ni de resistencia ilimitada a los rayos ultravioleta. Más aún, se sabe que la luz ultravioleta origina reacciones químicas con este tipo de cremas, generando radicales libres y mutaciones que desencadenan un efecto de agresión al núcleo de las células, actuando de factores promotores de enfermedades como el cáncer.

Debemos ser muy precavidos con los componentes de este tipo de cremas, pues las lociones forman sedimentos que la piel absorbe y traslada a la sangre, desde donde se distribuye por el organismo.

El uso de este tipo de sustancias presenta, al menos, dos tipos de problemas.

Por un lado, los aspectos tóxicos de los ingredientes que llevan y, por otro, los perjuicios derivados de impedir las acciones beneficiosas de la exposición solar.

Con respecto al primero, en las cremas solares podemos encontrar una larga lista de sustancias químicas nocivas, como los Parabenos y Metilparabenos, utilizadas en multitud de productos de belleza por sus funciones bacteriostáticas y fungicidas. Estas sustancias insalubres tienen un efecto estrogénico que favorece el crecimiento de tumores hormono dependientes como es el caso del cáncer de mama, tan frecuente en mujeres.

Las cremas solares, realizan su función mediante dos mecanismos: bloqueadores y protectores solares.

En los bloqueadores solares, sustancias que mediante mecanismos físicos reflejan por completo los rayos, tanto UVA como UVB, impidiendo que la radiación solar alcance la piel, encontramos metales pesados como el Óxido de zinc y el Dióxido de titanio. Existe preocupación de sus efectos sobre el ADN, por lo que no debemos usar versiones micronizadas sobre la piel. Las micro partículas de titanio, con un tamaño de 220 nm, pueden introducirse en las células y al exponerse a la luz solar agravar su efecto sobre éstas.
Los protectores solares, que realizan una protección química  disminuyendo la cantidad de rayos que penetran en la piel y, aunque nos protegen de los UVB que son precisamente los que necesitamos para producir vitamina D, no todos ofrecen protección sobre los dañinos UVA.  En estas cremas encontramos  disruptores hormonales como la Oxibenzona o Benzofenona-3, el Homosalato, el Otylmetoxicinamato y otros como el filtro Parsol (Bis-etilhexiloxifenol, Metoxifenil triazina…) con efectos lesivos sobre el ADN.

A partir de la década de los ochenta, coincidiendo con el deterioro de la capa de ozono causada por el intensivo uso de los clorofluorocarburos (CFC) como refrigerantes industriales y propelentes, se inició una importante campaña alertando al público sobre la necesidad de protegerse del sol.

Los temores de un mundo sin capa de ozono, con los seres humanos calcinados bajo un sol implacable y enfermando de cáncer de piel, gracias a las medidas tomadas por las Naciones Unidas en el Protocolo de Montreal prohibiendo el uso de los CFC, no se han hecho realidad.

Sin embargo, el miedo instalado en la población fue hábilmente utilizado por las empresas fabricantes de todo tipo de cremas bloqueadoras y protectoras  solares, cuyas ventas se han multiplicado y curiosamente la incidencia del temido melanoma, del que se supone nos protege, también lo ha hecho. Y ello, a pesar de que la capa de ozono es ahora más segura que hace 30 años.

Si lo ponemos en cifras, desde 1972 el uso de cremas protectoras solares se multiplicó por 18 y la incidencia de melanomas se ha triplicado.


Incidencia de melanoma en el mundo.                


 

Los colores oscuros indican mayor incidencia de melanoma. Es interesante Europa por la relativa homogeneidad sociopolítica y sanitaria.

Intensidad de radiación solar.

¿Más melanoma allí donde la intensidad solar es mayor? Parece que no. Si comparamos el mapa anterior con el de la intensidad de radiación solar, observaremos que eso no ocurre. En la actualidad conocemos el efecto poderosamente antitumoral de la vitamina D3, entre cuyos beneficios es ser un inigualable protector contra el temido melanoma de piel.

Según la medicina china, el colon, el pulmón y la piel son órganos de eliminación, y los tres contienen tejidos que desprenden mucosidades. Específicamente la piel es considerada como un tercer pulmón, y como tal es un órgano de absorción y exhalación.

La piel como tejido de desintoxicación, exuda acné, sudores, forúnculos, lipomas y otras purulentas excrecencias.
Las cremas protectoras solares, al igual que otras pomadas cosméticas de origen sintético y petroquímico, recubren los poros, ahogan la respiración natural de las células de la piel y absorben su humedad. 
El resultado será una piel consumida y reseca, que intentaremos aliviar aplicando cremas humectantes, con más petroquímicos o aceites vegetales refinados, los cuales taponaran las vías de eliminación del órgano y harán que esa piel, maltratada con estos productos, esté más seca y deshidratada. De esta forma, entraremos en un círculo vicioso de uso continuo de cremas hidratantes que, al tiempo que enriquece a los comerciantes, empobrece nuestros bolsillos y la salud de la piel.

No sólo no se debe ungir la piel con cremas densas, sino que debemos adoptar la costumbre del frotado cutáneo con esponjas exfoliantes que nos abran los poros, para lograr una piel limpia y oxigenada.

Son millones las botellas de protectores solares que se enjuagan en el mar a diario. Aunque sólo fuera para cuidar la salud de los mares y los peces, debiéramos despojarnos de estas lociones tóxicas y sin beneficio alguno.

En nuestra cultura, con un consumismo desorbitado, hemos aprendido a temer al sol y se nos condiciona a comprar para cubrimos con encarecidas pomadas anti solares, cuando lo sensato sería aprender tanto a captar el sol como a cuidarnos con inteligencia de una excesiva exposición. 

Los ancestros de los Andes, ya tenían esta sabiduría y reverenciaban al Taita Inti (Padre Sol), porque lo valoraban como fuente suprema e inagotable de toda la vida en la Tierra y, para los vedas, el Prana es la fuerza vital que el sol le transmite al aire.

Actualmente podemos observar la Tierra desde un punto elevado y ver que sólo es una esfera azul puesta en vida por la luz intangible de otro astro, el Sol.

Los primeros astronautas que regresaron del espacio llegaron lánguidos, consumidos y aquejados de una extrema fatiga. La explicación de ello se tuvo cuando se comprendió que el oxígeno no es suficiente para la vitalidad de las personas. El aire, además de llevar oxígeno, debe estar ionizado y magnetizado, tarea en la que el sol juega un rol imprescindible para nuestra vitalidad. Pero, no es sólo el aire quien debe recibir la influencia del sol, también tiene que estar en nuestros alimentos y en el agua, de ahí la importancia del alimento vivo y fresco. El mejor horno para preservar la integridad del alimento es el horno solar, cocinado en ollas de arcilla. El agua que bebemos también chispea, se limpia e ioniza con el sol.

A veces resulta útil observar a los animales para aprender de ellos, en nuestro entorno es el caso del cerdo, que después de comer se revuelca en el barro y luego se tiende bajo el sol. El barro actúa terapéuticamente regulando su temperatura y junto con el sol escurre las mucosidades y participa en el proceso de remover toxinas de su sangre. Esta conducta del cerdo, que instintivamente conoce los beneficios de la fangoterapia, ha sido interpretada por “los sabios sapiens” como un comportamiento torpe y sucio, siendo denostado por ello. 

La piel, como órgano desintoxicante del cuerpo, no debemos taponarla con aceites petroquímicos, que saturan las células y ahogan las membranas. Utilizaremos maneras inocuas y elementales para protegernos del sol, como la vestimenta, los sombreros, las sombrillas y, lo más inteligente, evitando exponerse al sol directo durante largos periodos entre las 11am y 2-3 pm, que es  cuando la intensidad de radiación UV es mayor.

Si nos vemos en la necesidad de utilizar protección solar, un compuesto natural es el aceite de ajonjolí con unas gotas de aceite esencial de lavanda, con lo que obtendremos un factor de protección #15. Tanto el aceite de ajonjolí considerado un aceite depurativo de la piel, como la arcilla de chaco tienen la virtud de escarbar y remover toxinas del cuerpo. 

Si por algún motivo nuestra la piel recibiese un exceso de exposición al sol, aplicaremos tópicamente la sábila, más conocida como aloe vera, la manteca de Karité o el aceite de cocoTanto el aloe vera como la manteca de Karité actúan como protectores y como hidratantes para tratar las quemaduras post exposición solar.

El aceite de coco, además de ser útil como protector solar, puede usarse para el bronceado. El consumo regular del aceite de coco hace que la piel contenga las maravillosas grasas saturadas de cadena media, (el ácido laúrico, caprílico y cáprico) estas delicadas mantecas nos protegen la piel de los daños causados por los rayos ultravioleta.

El segundo problema es que, si bien es cierto que el abuso del sol es sin lugar a dudas perverso y maligno, la restricción de la exposición solar tiene graves consecuencias para la salud.

Quizás la más relevante sea la relacionada con la síntesis de vitamina D, que ha cobrado un importante protagonismo a raíz de la pandemia del coronavirus y cuya producción,  por parte de nuestro organismo, disminuye  a partir de los sesenta años.

En nuestra sociedad se ha inculcado una cultura de alarma y desconfianza del sol, que ha sido hábilmente utilizada por la industria. Con la astucia de saber que la helioterapia no es comerciable pero las cremas anti solares si, las transnacionales participan en estas “campañas informativas” manipulando la ciencia. Es difícil encontrar una revista que no esté lubricada con un reportaje sobre la piel, el cáncer, los protectores solares y las cremas hidratantes.

“Los datos demuestran que la vitamina D es un potente anticancerígeno y un exquisito regulador inmunitario. Aunque muchas de esas propiedades se manifiestan sólo cuando la concentración sérica de la vitamina D es superior a la media de la población”. 

En los últimos 100 años, a pesar de que nuestra exposición al sol ha disminuido notoriamente, la incidencia de cáncer de piel se ha incrementado. Hoy en día los investigadores especializados en la Vitamina D han observado que cerca del 85% de población mundial no recibe suficiente exposición al sol. 

Los protectores solares, introducidos en 1988, tienen una notable responsabilidad en la actual epidemia de deficiencia de vitamina D y, desde esa fecha, el cáncer de piel se ha incrementado. Lo paradójico es que la mayoría de protectores solares nos protegen de la UVB y son menos eficaces para protegernos de la más peligrosa luz UVA, que es la frecuencia relacionada con el cáncer.

Se estima que sólo en EE.UU. podría prevenirse entre 200 mil a 300 mil casos de cáncer al año, si los niveles de Vitamina D en la sangre fueran normalizados. Se calcula que por cada caso fatal de cáncer de piel debido a un abuso de ultravioleta más de 200 mueren de otros tipos de cáncer por insuficiencia de UV, y niveles ínfimos de vitamina D. 

¿Será posible que los protectores solares, dejando de lado sus dudosos componentes, estén entorpeciendo que el cuerpo ejerza su capacidad de sintetizar las hormonas que nos protegen del cáncer?  En pocas palabras, la exposición mesurada e inteligente al sol nos protege del cáncer, mientras que los protectores solares con la extendida y oculta carbonización que propicia son prácticas antitéticas e incompatibles con la salud. En la actualidad puede parecer una declaración iconoclasta decir que el sol nos protege del cáncer. Ciertamente la peligrosa insolación incrementa el riesgo de melanoma, pero la exposición moderada al sol reduce su riesgo en un 15%. 

Con fogonazos naturales el sol aguijonea las glándulas y hace que descarguen unas exquisitas secreciones para la felicidad. Las gónadas también liberan unos fluidos ambrosianos que ningún afrodisíaco logra aventajar.

“Un cuerpo que le huye al sol, es como un escarabajo que vive en grutas oscuras, está destinado a una coexistencia parasitaria y a marchitarse con sus glándulas decrépitas y resecas”.

jueves, 18 de agosto de 2022

I. Radiación solar y evolución del color de piel.

Este es el primero de una serie de artículos en relación con el sol, color de piel, cremas protectoras, vitamina D y Folato.

Se  denomina radiación ultravioleta (UV) a la radiación electromagnética cuya longitud de onda está comprendida, aproximadamente, entre los 10 y los 400 nanómetros (nm). Su nombre proviene de empezar su rango desde longitudes de onda más cortas de lo que los humanos identificamos como el color violeta (400nm), siendo dicha luz o longitud de onda, invisible al ojo humano al estar por encima del espectro visible (380nm – 780nm) . Esta radiación es parte integrante de los rayos solares y produce varios efectos en la salud al ser una radiación que oscila entre no-ionizante e ionizante (perjudicial para la salud). 



-   Los rayos UVA -onda larga- 

    (400-315nmpenetran hasta los vasos sanguíneos en la piel situados en la dermis y destruyen el folato. Es la que suelen utilizar para el bronceado de la piel.

-     Los rayos UVB -onda media(315-280 nm), que tienen menor longitud de onda que los UVA, penetran en la epidermis y hacen que los melanocitos produzcan el pigmento melanina, que después se almacena en los melanosomas. Las otras células de la piel, los queratinocitos, captan los melanosomas, cargados de melanina, y forman una capsula nuclear que protege su ADN. Estas radiaciones son las que convierten un derivado del colesterol en provitamina D o Colecalciferol.

-    - Los rayos UVC -onda corta- (280-100 nm) no llegan a la superficie terrestre al ser bloqueados por la capa de ozono y el oxígeno de la atmosfera. En la actualidad se está utilizando lámparas con luz UVC para desinfectar espacios en hospitales, ampliando el uso que con esta función se les estaba dando en la estación espacial.

Evolución del color  de la piel.

Entre los primates, solo los seres humanos tienen la piel desnuda y de distinto color.  Sabemos que esa tonalidad diferente de la piel no se distribuye al azar, sino que los pueblos cuya epidermis es más oscura se encuentran cerca del ecuador y quienes la tienen más clara están en los polos.

El ozono atmosférico actúa a modo de escudo, protegiéndonos de los rayos ultravioleta. En la década de los años ochenta del siglo pasado, se produjo una gran preocupación  por el riesgo que el deterioro de la capa de ozono podría suponer para la salud de las personas.  Esta situación llevó a la NASA a realizar millones de mediciones de los rayos ultravioleta del espacio.

Con estos datos George Chaplin realizó un mapa y quedó impresionado del claro gradiente en la intensidad de la radiación, de mayor a menor, entre el ecuador y los polos. Este gradiente solo se interrumpía en los lugares en los que aumentaba la exposición a las radiaciones como en la altitud de la meseta tibetana, o cuando la disminuía por tener una cubierta permanente de nubes, como en la cuenca del rio Congo.

Sabemos que la energía solar es un atributo fundamental de cualquier entorno y que los organismos vivos en las diferentes latitudes se adaptan a las condiciones solares locales.

La antropóloga Nina Jablonski recopiló mediciones de los pigmentos de piel tomadas por otros colegas que estudian a los indígenas y su pareja George Chaplin creó otro mapa en el que recogía los colores de la piel y los datos ambientales para ver la correlación entre ellos. De esta manera pudo demostrar que la intensidad de los rayos ultravioleta predice el color de piel.

En los territorios donde la intensidad de UV es alta como cerca del ecuador o en altitudes elevadas, la piel es oscura. En los polos, donde la intensidad UV es baja, la piel de los indígenas es, casi siempre, más clara. Esto sugiere que la variación en la producción de melanina de la piel humana surgió a medida que las diferentes poblaciones se adaptaban básicamente a las diferentes condiciones solares del mundo.

Nuestros primeros ancestros, al igual que les ocurre a otros primates, debieron tener el cuerpo cubierto de pelo, debajo del cual se ocultaba una piel pálida.

Las preguntas que surgen son ¿En qué momento evoluciono la piel a una tonalidad más oscura? ¿Y por qué?

Mediante la secuenciación de ADN se han encontrado datos que nos pueden ayudar a responder a la primera pregunta. Se toman muestras de genoma en poblaciones de todo el mundo, se buscan variaciones y se comparan.

El genetista Rick Kittles que se dedica a ello, dice: “Siempre que una especie experimenta alguna forma de selección natural podemos encontrar la prueba en el genoma”.

Uno de los genes que estos investigadores han vinculado con la pigmentación humana es el “Receptor de Melanocortina 1” (MC1R) ubicado en el cromosoma 16.

La pigmentación de la piel y el cabello es causada por dos tipos diferentes de melanina:

-       La eumelanina, un polímero de color marrón-negro, responsable del cabello y la piel oscuros y del bronceado de la piel clara.

-       La feomelanina, tiene un tono rosado a rojo y está presente en los labios, pezones y genitales.

Las mutaciones en el gen MC1R dotan al cabello y la piel de más feomelanina que eumelanina, causando piel y cabello rojizo y pecas.

Las muestras mundiales indican que hay una elevada cantidad de variación en la secuencia del ADN de ese gen, pero no en todos los rincones del mundo.

Curiosamente en las poblaciones africanas, este gen no presenta mucha diversidad, siendo el alelo que codifica la eumelanina, y por tanto la piel oscura, el que predomina en ellas. Este hecho indica que en esa parte del mundo, que es donde surgió nuestra especie, se produce una selección negativa en contra de alterar la piel oscura mediante los alelos de feomelanina. Se ha calculado en 1,2 millones de años el tiempo que lleva este alelo en las poblaciones africanas.

Si nuestra especie, como indican las pruebas, evolucionó en el África ecuatorial resulta razonable concluir que en ese tiempo todos los seres humanos tenían la piel oscura, es decir, que todos llevamos en nuestra herencia ser descendientes de individuos de piel negra.

Del análisis de estos datos podemos concluir que, tras perder el pelaje, la evolución en el África ecuatorial donde existe una fuerte radiación ultravioleta, de la piel clara de los seres humanos a la piel oscura debió suponer una ventaja para la supervivencia.

Posteriormente emigramos y nos dispersamos fuera de nuestro hogar ecuatorial. En esas nuevas condiciones, conforme nos alejábamos de los trópicos, la protección natural excesiva contra el sol de la piel oscura se convirtió en un problema, pues apenas penetra radiación UVB que, aunque la mayoría de sus efectos son nocivos, es necesaria para el inicio de la síntesis de vitamina D. Curiosamente es la UVA, que no tiene función sobre dicha vitamina, la radiación que se recibe en esas zonas durante el invierno.

Para asegurar la salud y el bienestar, estos linajes de pobladores que se dispersaron por el Hemisferio Norte se vieron afectados mediante la selección natural hacia una piel poco pigmentada, en la que es predominante la variedad de feomelanina.

Cáncer de piel y exposición solar. 

Cuando se compara el mapa del color de la piel de la población del mundo con el de las radiaciones solares observamos que existe una relación entre el color y la radiación, es decir a más intensidad de radiación piel más oscura y a menos intensidad piel más clara.

Los daños causados por los rayos UV al ADN de las células de la piel pueden ocasionar cáncer que, en algunos casos, puede ser letal. Por este motivo, durante mucho tiempo se pensó que ésta fue la presión evolutiva que favoreció la piel oscura como mecanismo de protección. Sin embargo datos antropológicos y epidemiológicos han  desechado  esta teoría, pues el cáncer de piel más frecuente y relacionado con la exposición solar, es de lenta evolución y suele producirse en edades posteriores al periodo fértil, por lo que no afectaría a la supervivencia de la especie que es lo importante desde la óptica evolutiva.

Sabemos la importancia del folato o vitamina B9 durante el desarrollo embrionario y en la división celular para la síntesis de ácidos nucleicos (ADN y ARN). En consecuencia, cualquier proceso que implique una división celular rápida, como es el caso de la  espermatogénesis, requiere folato.

En experimentos con animales se ha provocado infertilidad en ratas y ratones machos, produciendo alteraciones en la espermatogénesis, mediante la inducción química de déficit de folato.

En humanos, se ha utilizado en varones con problemas de fertilidad consiguiendo elevar el número de espermios al tratarlos con ácido fólico (forma sintética del folato).

Estos datos han llevado a la antropóloga Nina Jablonski  a plantear la hipótesis de la evolución del oscurecimiento de la piel como mecanismo protector del folato, necesario para la fertilidad y buen desarrollo fetal.  Desechando la teoría que consideraba que era la protección del cáncer de piel el mecanismo evolutivo subyacente.

Ante esta situación la pregunta que surge es ¿Por qué no tenemos todos los humanos la piel oscura?

Los rayos ultravioleta del sol tienen su cara y su cruz.

Hemos visto los riesgos para la salud que puede ocasionar la exposición solar. Esta sería la cruz o parte negativa. Sin embargo, la cara o parte positiva está en que es necesario para producir vitamina D3, con todos sus efectos beneficiosos. De manera que tenemos por un lado que el sol, mediante las radiaciones ultravioleta, puede destruir el folato, sustancia esencial en la reproducción y producir cáncer al dañar el ADN. Y por otro, lo necesitamos para que nuestro organismo fabrique la hormona que denominamos vitamina D. Para evitar los daños al folato y al ADN, las células epiteliales denominadas melanocitos, producen el pigmento melanina, que oscurece la piel y la protege mediante un mecanismo físico absorbiendo los rayos UV y otro químico neutralizando a los radicales libres.

Por el contrario, otras células epiteliales, los queratinocitos, necesitan recibir suficientes rayos ultravioleta para producir VD3.

Esta situación ha provocado que el color de nuestra piel haya evolucionado en un delicado equilibrio entre la tonalidad oscura, para evitar que la luz solar destruya el folato y dañe nuestro ADN, y la tendencia a la tonalidad clara, necesaria para promover la producción de vitamina D.


Esta armonía evolutiva, entre pigmentación de la piel y lugar de residencia, se ha visto alterada por las diferentes migraciones, mayores en velocidad y distancia, ocurridas en los últimos 5000 años. En este periodo se han producido importantes transgresiones latitudinales entre pobladores de alta radiación a zonas de baja radiación y viceversa, sin que la evolución haya tenido tiempo de actuar.

Algunos de estos movimientos fueron forzados como ocurrió entre los siglos XVI y XIX con el deplorable tráfico de esclavos desde África, donde más de 12 millones de personas fueron desplazadas de su hábitat natural en zonas de alta radiación  a otras de baja. 

En la actualidad se siguen produciendo migraciones forzadas, aunque ahora la causa está en las condiciones de pobreza, por motivos sociopolíticos y medioambientales.

Seguimos sin prestar atención al hecho de que, a veces, vivimos en zonas en las que nuestra piel está mal adaptada, con graves consecuencias para la salud.

La información a este respecto suele centrarse en la necesidad de que las personas de piel clara se protejan del sol para evitar el cáncer de piel y la destrucción de folato.

No hay tanta información sobre las consecuencias para personas muy pigmentadas en áreas  de alta latitud o en trabajos que se realizan en interiores todo el tiempo. Situación que provoca déficit de vitamina D, que es un problema igual de severo pero más siniestro al actuar sigilosamente causando daño en la salud ósea, en el sistema inmunitario y en el estado de ánimo entre otros trastornos de salud. Todo ello puede verse agravado con el abuso de las cremas protectoras, como analizaremos en el próximo artículo.