domingo, 19 de marzo de 2017

La UE y sus políticas “austericidas”.

“El indicador por antonomasia del buen hacer de un gobierno es cómo atiende los intereses de su pueblo, en especial de los más débiles, y si es capaz de protegerlo durante los tiempos difíciles.”   
Si compartimos esta afirmación de David Stuckler y Sanjay Basu, autores del libro “Por qué la austeridad mata” y la utilizamos como test para evaluar a nuestro gobierno y al resto de la Unión Europea llegaremos a la conclusión de que lo están haciendo bastante mal.
 Aquellos que defienden el libre mercado y la aplicación de la austeridad por parte del Estado, “creen” que pagar la deuda y reducir el déficit debe estar por encima de todo, incluido el coste humano que ello pueda suponer. No importa que los datos procedentes de múltiples países sobre las recesiones y la economía en los últimos  cien años indiquen una pauta clara:“los beneficios del estímulo versus los perjuicios de las políticas de austeridad”.

Suele aceptarse resignadamente que las recesiones económicas son inevitablemente perjudiciales para la salud de las personas y en consecuencia es razonable esperar un aumento de alcoholismo, depresiones, suicidios, enfermedades infecciosas, complicaciones de las patologías crónicas, etc. Sin embargo los hechos nos demuestran que no tiene por qué ser así, ya que los daños para la salud de las personas en los momentos de recesión económica van a depender del tipo de política (“determinantes políticos”) que se adopte por los gobiernos. Podemos decir que: “Aunque las recesiones nos vacían los bolsillos y nos empobrecen no tienen necesariamente que llenar los hospitales y cementerios”                                
Si repasamos la historia veremos que ante situaciones similares han sido las políticas de estímulo del gasto público las que han conseguido sacar a los países de las recesiones económicas y cuando se han aplicado las políticas restrictivas se ha empeorado y, lo que es peor, se ha aumentado el sufrimiento y la mortalidad de la población más vulnerable.
Tenemos los ejemplos de EEUU en la Gran Recesión y la política de New Deal aplicada por el presidente Roosevelt  incrementando el gasto público en obras, créditos para la vivienda y cupones para alimentos entre otras, y como a partir de su aplicación la economía empezó a mejorar, así como la tasa de suicidios de la población y la mortalidad infantil. Acentuándose la diferencia entre los estados gobernados por los republicanos reacios a aplicar tales medidas y los gobernados por los demócratas que si las aplicaron. Ejemplo más reciente lo tenemos en Suecia, donde en la década de 1990 sufrió un crac peor que la actual recesión sin que por ello aumentasen los suicidios ni las muertes relacionadas con el alcoholismo. Este país junto a Dinamarca, Finlandia e Islandia tienen y han mantenido unos programas de protección social de gran calidad y eficiencia, en los que incluyen Programas de Mercado Laboral Activo y de Ayudas a la vivienda, con lo que se actúa sobre las dos causas más graves de riesgo para la salud en situaciones de recesión económica: el desempleo y la pérdida de vivienda.
En contraste con lo anterior  en Grecia, Italia, Portugal y España, siguiendo los consejos de la Troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional) han aplicado importantes recortes en los sistemas de protección social por lo que el desempleo y la pérdida de vivienda se han convertido en un problema de gran magnitud afectando a la salud de su población más vulnerable, especialmente los problemas de salud mental (ansiedad, depresión, alcoholismo) y con ello el aumento de las tasas de suicidios. Existiendo en nuestro país una correlación entre las cifras de desempleo y el número de suicidios, incluyéndose una nueva modalidad llamada “suicidio económico” que en España supone 30% del total, lo que se traduce en un goteo de tres diarios. En Grecia, convertida en el “enfermo de Europa” se han incrementado las enfermedades infecciosas (Tuberculosis, Sida, Malaria) y las complicaciones de las patologías crónicas (Diabetes, Hipertensión, Cardiopatías, etc.).
Un dato que puede orientarnos sobre las consecuencias de las políticas en la salud mental de la población es el consumo de antidepresivos, que en Reino Unido y España, con sus recortes, se han incrementado en torno al 20%  en contraste con el 6% de Suecia.
Otra vuelta de tuerca para agravar y aumentar la mortalidad lo tenemos con las subidas del recibo de la luz, a pesar de la “pobreza energética” en la que se encuentran más de cuatro millones de personas en nuestro país.


Las políticas de recortes o “austericidas” no solo nos empobrecen sino que aumentan el sufrimiento y muertes de los más vulnerables, precisamente aquellos a los que “un buen gobierno” debería priorizar en su cuidado. Y todo ello impuesto por unos organismos carentes de democracia y con la excusa de que es la única alternativa posible.

jueves, 9 de marzo de 2017

El autobús de la ignorancia e intolerancia.


Aunque este eslogan sea correcto en la mayoría de las ocasiones, deja fuera a un porcentaje de personas en las que esta afirmación no se corresponde con “su realidad”. Conviene aclarar que la única realidad que conocemos es la realidad cerebral, es decir aquella que crea nuestro cerebro a partir de las señales que es capaz de captar por disponer de los receptores para ello. Pues bien, precisamente esa minoría vulnerable por estar fuera de la mayoritaria “normalidad” es la que en una sociedad tolerante, justa, solidaria e inteligente tendría su espacio con toda “normalidad” e incluso se vería como un enriquecimiento por la variabilidad en los tipos de personalidad que aporta, sin perjudicar a nadie.
El eslogan termina con una advertencia: “Que no te engañen”. Sin embargo es el reduccionismo corto de miras del mensaje el que, en estricta justicia, en el mejor de los casos está equivocado y en el peor es una mentira.
Echemos un vistazo somero a lo que nos dice la biología sobre el sexo de las personas.
El gen SRY situado en el brazo corto del pequeño cromosoma Y, tiene por función alterar el desarrollo embrionario en la especie humana encaminado a culminar en un sujeto hembra. Podemos decir que el sexo “por defecto” al que está orientada la embriogénesis es “hembra” y que solo cuando posee el gen SRY y éste funciona adecuadamente se produce un individuo “macho”. Al igual que para construir una casa necesitamos un arquitecto que diseñe los planos, en la construcción del organismo esta tarea la realiza el gen. Además hace falta un maestro de obras que los ejecute y esta tarea recae sobre la hormona testosterona. Finalmente necesitamos a la persona que la vaya a habitar y esa función, en nuestro caso le corresponde al cerebro. Para obtener un resultado satisfactorio es necesario que todos los aspectos mencionados se articulen armónicamente, para lo cual se requieren las exposiciones a las hormonas necesarias, en las dosis adecuadas y en los momentos precisos.
En resumen, para obtener un sujeto “macho” en la especie humana necesitamos que el organismo en desarrollo posea el gen SRY, que este funcione adecuadamente transformando las protogónadas en testículos y éstos produzcan los niveles de testosterona adecuados. Sin olvidar a los receptores celulares (lugares sobre los que actúa) y la exposición cerebral a la testosterona en los momentos críticos para que el desarrollo de la conducta sexual se corresponda con su sexo, tanto genético como genital.
Aunque lo habitual es que todo siga su curso de manera correcta, el complejo mecanismo deja abierta la posibilidad de que algo no se desarrolle según lo esperable, lo que ocurre en una pequeña proporción de casos.
Nos podemos encontrar con individuos que poseen el gen SRY, por lo que genéticamente serian clasificados como “sexo masculino”, y sin embargo al no funcionar adecuadamente, bien por falta de producción de testosterona o por no disponer de los receptores adecuados, entre otras razones, provocará que  el desarrollo y la apariencia externa, es decir el fenotipo, serian catalogados de “sexo femenino”. Además puede ocurrir que sea el desarrollo cerebral el que al ser expuesto de manera anómala a hormonas o sustancias químicas sintéticas que actúan como tales, no lo haga en el sentido del sexo correspondiente a su genética y/o genitales y se “feminice” o “masculinice” afectando a su conducta sexual, que sería la opuesta a la que correspondería a su aspecto externo. En esta situación estaríamos ante una persona transexual.
Por lo tanto, el eslogan del autobús de la organización “ultra-intolerante” denominada “HazteOir” es, entre otras cosas, la expresión de la ignorancia e intolerancia dogmática propia de la religión a que pertenece.
Decir que “los niños tienen pene y las niñas vulva”, es una tautología que nos remite a una época en la que solo conocíamos los aspectos externos y superficiales del sexo. Siendo el fenotipo (aspecto externo) el que lo determinaba, de manera que si tenía pene era niño y si vulva niña, y los casos de genitales confusos se adscribían según la impresión del observador. La conducta sexual esperada era la que correspondía a los genitales observados y en consecuencia eran incapaces de entender y, lo que es peor, tolerar aquellas manifestaciones discordantes, a las que se las calificaba de aberraciones, en lo moral, o de manera caritativa de enfermos a los que había que “curar”.

La ciencia ha avanzado en este terreno y hoy disponemos de los conocimientos para entender la complejidad de la conducta sexual del ser humano o, al menos, comprender que las cosas, a veces, no son lo que parecen. Ante esta situación deberíamos tener la suficiente humildad para tolerar y respetar lo que, por no disponer de formación y conocimientos, no somos capaces de entender. 

lunes, 6 de marzo de 2017

Unión Europea: Importancia de la Política en la Salud.

Cuando pensamos en las causas sobre la salud y la enfermedad nos solemos quedar en las llamadas “causas cercanas”: factores genéticos, agentes infecciosos, adecuada asistencia sanitaria, estilos de vida, etc. Sin embargo detrás de éstas tenemos otras menos visibles, son los “Determinantes Sociales de la Salud”, entre los cuales estarían: Seguridad y calidad del agua y alimentos, precariedad laboral, el acceso y calidad de la vivienda, las condiciones Ecológicas y Medioambientales y disponer de Protección Social y Servicios Sociales. A su vez todos ellos están condicionados por los “Determinantes Políticos”, que dependerán de las elecciones y prioridades de los gobiernos, las empresas y las diversas fuerzas sociales, políticas y sindicales que poseen algún tipo de poder en la toma de decisiones.

La política vigente en la Unión Europea, de manera especial en la eurozona, es una versión moderna del liberalismo clásico, representada por el ordoliberalismo, que tiene su origen en Alemania. Estos nuevos liberales, han solucionado el problema clásico con el estado, el conocido: “no podemos vivir con él ni sin él, y no queremos tener que asumir sus costes”, asignándole una función al servicio del mercado, consistente en establecer el marco general de condiciones que precisan los mercados para operar eficazmente. Para ello necesita sentar las bases de un “orden”, o sea, de un Ordo, y adoptar todas aquellas medidas políticas tendentes a favorecer la competencia, con el respaldo de la política monetaria y de un banco central políticamente independiente, como condición para toda economía que aspire al éxito.
El nuevo paradigma socioeconómico se centra en la ruptura con los compromisos sociales que constituían la base de una “sociedad justa”. Pasando a ser considerados los responsables de la sobrecarga de las finanzas públicas y un lastre para el desarrollo económico. De ahí el mantra de la austeridad del gasto público, especialmente en las partidas dedicadas a la protección social, salud y educación. Al tiempo que se reduce la fiscalidad progresiva con el pretexto de disponer de capital para la inversión privada. Quedando el pleno empleo y la pobreza relegados a un papel secundario, o lo que es peor, convertidos en una alternativa al considerarse útil para reducir el coste de la mano de obra. A ello se añade la falta de control de precios, privatizaciones, protección del capital de inversión extranjera y su desconfianza en la democracia (razón de ser del Banco Central Europeo, independiente de las naciones y de cualquier control democrático). Y si “la situación lo requiere”, como en Italia y Grecia en 2011, se derriban los gobiernos democráticamente elegidos y se sustituyen por “tecnócratas” a la orden de la banca.
Con estos antecedentes podemos afirmar que los “determinantes políticos” de la salud salen mal parados. Y no sólo ellos, pues con estas políticas se está dificultando la salida de los pueblos de la crisis. Si analizamos el “Multiplicador Fiscal”, concepto macroeconómico que nos indica la riqueza producida por cada euro de gasto público, de manera que si es superior a 1 aumenta y cuando es inferior a 1 disminuye, vemos que el multiplicador fiscal en Sanidad, Educación y Vivienda es superior a 3, indicando que por cada euro invertido se multiplica por tres, siendo una inversión rentable desde la economía y vital para la salud y bienestar de los ciudadanos. En cambio el multiplicador fiscal destinado a defensa y ayudas bancarias es inferior a uno, por lo que nos empobrece a los ciudadanos, aunque ellos(los bancos) sigan enriqueciéndose como muestran los datos  publicados en prensa.
Si aplicáramos a las medidas de austeridad los criterios de los ensayos clínicos médicos, un comité de ética los hubiese suspendido hace tiempo y los responsables habrían sido expulsados de la profesión.

El que se siga insistiendo en aplicar la pócima de la austeridad no se debe solo a causas ideológicas. Existen también muy buenas razones materiales para seguir haciéndolo, sobre todo en Europa, dado que lo que se pretende con ella es seguir dejando espacio libre en los balances generales de los estados soberanos para atender la eventualidad de que acabe en la quiebra alguno de los bancos europeos cuyas dimensiones son excesivamente grandes para poder acudir individualmente en su rescate. Por otra parte el denominado “cuerpo económico” de la sociedad no es homogéneo, de manera que no todos sufren las consecuencias de este tipo de medidas. Aquellos que poseen o gestionan el capital, o sea, los causantes de la “enfermedad” (bancos, instituciones financieras, etc.) no solo están saliendo indemnes del agresivo tratamiento sino que han aumentado sus riquezas y poder. Además la pérdida de prestigio que supondría reconocer  su error y responsabilidad en haber causado “tanto daño para nada” no es fácil de asumir dada la mediocridad de sus autores.                                                                              

sábado, 11 de febrero de 2017

Ceguera, Culpa y Cáncer

En el año 2000 la Organización Mundial de la Salud junto a otros organismos fijaron el 4 de febrero como Día  Mundial contra el Cáncer. Su objetivo, concienciar a nivel mundial sobre una de las enfermedades de mayor morbi-mortalidad, difundiendo las acciones de prevención y detección temprana para frenar su alarmante aumento.
Dieciséis años después los datos indican que no vamos por buen camino. Las cifras no sólo siguen aumentando sino que, como en el caso de España, las previsiones para 2016 han sobrepasado, en más de 1000 casos, las estimaciones previstas para el 2020. Y lo que es peor se calcula que a nivel mundial el número de casos se triplicará en dos décadas.
A raíz de estos datos, lo correcto sería que los organismos responsables hicieran una autocrítica y tomaran medidas para cambiar este negro panorama. Sin embargo continuan instalados en una “ceguera voluntaria e interesada” y repitiendo los “mantras” habituales a pesar de su evidente fracaso.
Así, en los días previos al 4 de febrero, los medios nos han mostrado a través de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) los datos referidos anteriormente y lo que, a mi entender resulta más preocupante, la justificación que aportan. Según la SEOM las razones de este aumento de la incidencia están en el envejecimiento de la población y en el estilo de vida (Tabaco, Alcohol, Obesidad y Sedentarismo). La parte positiva de la noticia es que, a pesar de los datos, las cifras de supervivencia de estos pacientes han mejorado, debido fundamentalmente a los progresos en el tratamiento de algunos cánceres como el de mama y colon.
Si aceptamos las razones dadas por los expertos, lo primero a destacar es que “la carga de la culpa”, recae sobre las víctimas. Son las personas afectadas las que con sus “malos hábitos” provocan este incremento de la enfermedad. Algo muy humano, pues ya sabemos que cuando algo va mal solemos señalar a los demás como responsables. Así que en estos asuntos no somos diferentes, lo que va mal (aumento de la incidencia) es responsabilidad de los afectados y el mérito (aumento de la supervivencia) es gracias a los profesionales.
Aunque son muchos los argumentos que se pueden dar contra esta explicación, baste con señalar que los animales salvajes, a los que no podemos acusar de estos malos hábitos, están afectados igual que los seres humanos. Por otra parte la cara más dramática del incremento del cáncer es la juventud de los afectados, bien sean en hombres y el cáncer de próstata, mujeres en el de mama o niños en leucemias y cáncer cerebral. Obviamente resulta deseable para la salud seguir insistiendo en cambiar dichos hábitos y ciertamente la epidemia de obesidad en el mundo occidental constituye un grave problema. Sin embargo no tengo claro que con los otros elementos, sobre todo en lo referente al tabaco estemos empeorando. Según publicaciones en prensa el número de fumadores en nuestro país, aunque sigue siendo alto, ha descendido en los últimos años. Y si nos retrotraemos a las últimas décadas solo basta recordar que en cualquier reunión de hombres, independientemente de su condición sociocultural, el no fumador era “rara avis”. Hoy ocurre lo contrario, el raro es el fumador. Hemos pasado de fumar en los hospitales a no hacerlo en bares y cafeterías. Lo que supone un gran avance para disminuir la exposición y el riesgo asociado al tabaco. Según la AECC en Europa la mortalidad por consumo de tabaco ha comenzado a disminuir en hombres aunque aumenta en mujeres.
En mi opinión hemos vuelto a perder la oportunidad de señalar a otros posibles “villanos”, con una implicación mayor que los mencionados, como agentes responsables de esta mala situación. Me refiero las decenas de miles de productos químicos sintéticos que desde la revolución verde, después de la Segunda Guerra Mundial, estamos vertiendo en el medioambiente, creando una “sopa química” que a través del aire, agua y alimentos  acaba alojándose en los seres vivos, produciendo una elevada “carga química corporal”.
Son estos productos “Xenobióticos” (extraños al organismo vivo) como los pesticidas, metales pesados, plásticos, aditivos, conservantes alimentarios, etc. a los que estamos expuestos de manera extensa y permanente, incluso antes de nacer, los que participan de manera relevante en el incremento del cáncer, enfermedades degenerativas y trastornos reproductivos.
Tenemos el ejemplo del insecticida DDT que sigue apareciendo en las placentas y mamas de mujeres jóvenes de nuestro país, a pesar de su prohibición en 1985. ¡Y en la leche de mujeres esquimales!
Los herbicidas de mayor uso mundial, como el Roundup (Glifosato) de Monsanto y la Atracina de la multinacional Syngenta, ambos cancerígenos y disruptores endocrinos.
El Bisfenol A, presente en los biberones y utensilios infantiles hasta su prohibición. En la actualidad lo encontramos en la composición de plásticos y en los recubrimientos de latas de conservas y de bebidas entre otros.
Los compuestos Organobromados, muy utilizados en electrodomésticos, mobiliario y equipos electrónicos por su actividad como retardantes de llama. Los Organofluorados que los encontramos formando parte de los revestimientos de sartenes (Teflón), en calzado y ropa (Goretex). Además de los Ftalatos presentes en ropa, juguetes infantiles, envoltorios plásticos y en productos de cosmética junto a los Parabenes. Todos ellos con actividad cancerígena.
Como dijo Einstein: “Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”.
Necesitamos una manera diferente de pensar y actuar si queremos sobrevivir a la “Crisis Ecológica Global” (Biodiversidad, Energía, Clima y Salud) en la que estamos inmersos. En lo relacionado con la salud, pasa por la toma de conciencia de los riesgos ambientales, trasladar la “carga de la culpa” a los organismos encargados de vigilar y cuidar de la salud de los seres vivos, abandonando la “ceguera voluntaria e intencionada” en la que están instalados en beneficio de las multinacionales energéticas, petroquímicas y farmacéuticas, y afrontar el problema de la contaminación química, evitando la esquizofrenia actual de nuestra sociedad, en la que por un lado construimos un modo de vida que produce enfermos, desnutridos y pobres; y por otro nos quejamos de no tener dinero para curarlos.


lunes, 2 de enero de 2017

El Obispo, la Navidad y el Laicismo.

El Sr. Demetrio Fernández, obispo de Córdoba, ha utilizado la carta pastoral de Navidad para arremeter, como es habitual en él, contra quienes piensan de manera diferente. Esta vez les ha tocado a los laicos.
No tengo claro si sus palabras se deben a ignorancia, interés en molestar o a ambas cosas. Lo que no me cabe ninguna duda es que son inoportunas, por ser contrarias a la convivencia, paz y amor al prójimo que tanto predican, y tan poco practican. Ni siquiera en “sus fechas navideñas”.
Sin embargo, seguramente imbuido por ese espíritu navideño, me gustaría pensar que no ha querido molestar sino que, como en otras ocasiones, no sabe de lo que habla.
Por otra parte es comprensible su preocupación, si piensa que la sociedad esta “descristianizada”, y ataque a los políticos que no sigan practicando la confesionalidad en un Estado aconfesional, pues le va el pan en ello. Por mucho obispo que sea, es un ser humano con virtudes y defectos.
El contraste de ideas y creencias es un elemento básico para el desarrollo intelectual de las personas, su práctica enriquece y hace progresar el pensamiento. Sin embargo en el  oficio de obispo, el debate con el público no es lo habitual, pues aquellos a los que suele dirigirse y sermonear son devotos seguidores que se limitan a oír y asentir en lo que su ilustrísima les diga, que para eso es la autoridad en la materia. Amén.
Con ese hábito es normal que cuando se salga de las letanías acostumbradas no de pie con bola y que en lo intelectual parezca que ha progresado tanto como en su indumentaria.

Conviene aclarar los errores conceptuales de este Sr. respecto al laicismo, no vaya a ser que alguien cometa la estupidez de creer que sabe de lo que habla y de por válido lo que dice.
El laicismo supone la independencia del individuo o de la sociedad, y especialmente del Estado, respecto de cualquier organización o confesión religiosa. Independencia no significa “querer arrancar la fe”, “ni borrar a dios del mapa, de la convivencia y de las expresiones culturales”, ni por supuesto se trata como cree el obispo de ninguna “aberración” -grave error del entendimiento-. Significa que la iglesia realice todo lo que considere oportuno siempre que respete las normas de convivencia y se responsabilice tanto de organizar como de sufragar sus actividades, sin que ello recaiga sobre instituciones públicas o sobre los bolsillos de ciudadanos ajenos a ella. Por eso se vuelve a equivocar cuando habla de un “laicismo radical” puesto que se es independiente del Estado o no se es. No hay términos medios. Es como si dijéramos que una chica está “un poco embarazada”. Error que el Sr. obispo, seguramente sin pretenderlo, utiliza para descalificar el laicismo.
Es una pena pues para informarse solo necesitaba consultar con el diccionario de la RAE, o mejor aún, hablar con teólogos y sacerdotes, que aunque comparten creencias difieren en la manera de vivirla, y están entre los que defienden el laicismo como espacio en el que desarrollar la libertad de conciencia de todas las personas.
El Sr. obispo saca su cara didáctica cuando nos “explica” en qué consiste “la verdadera aconfesionalidad”, pues parece que los demás no la hemos entendido. Y lo hace mezclando aspectos que están en la esencia del concepto con otros de su propia cosecha, para poder defender sus privilegios y criticar a los “falsos aconfesionales”.
Así nos dice algo, aparentemente tan obvio, como que “A nadie se le obliga a creer y nadie tiene que molestarse porque otros tengan fe”. Digo lo de aparentemente porque me asalta la duda de la libertad de elección que tienen los bebes cuando se les inscribe en su organización mediante el bautismo. Por otro lado en la historia reciente de nuestro país hemos sido testigos de “esa libertad” que predican cuando las condiciones se lo permiten.
Añade que “la verdadera aconfesionalidad consiste en admitir a todos (¡como ellos han hecho siempre!), fomentando incluso lo que es de cada uno ¿? y de cada grupo en el respeto de la convivencia. Nunca la aconfesionalidad es ataque, abuso de autoridad para suprimir expresiones que son de la inmensa mayoría de los ciudadanos. Eso ya no es aconfesionalidad, sino militancia laicista y ataque a los creyentes”. En estos últimos párrafos el obispo atribuye a la militancia laicista lo que su iglesia ha practicado a los no creyentes cuando el Estado era Confesional. Confunde independencia del Estado y ausencia de privilegios con persecución.
La píldora final: “En este sentido, la religión es mucho más tolerante que la militancia atea”. No sé qué entiende este Sr. por militancia atea, pero poner juntos religión y tolerancia es un oxímoron (palabras de significado opuesto), especialmente si hablamos de la iglesia romana, que humildemente, se autodenomina “católica” (Universal, verdadero, infalible…).
Continua: “Por eso, por mucho que se empeñen en ignorarlo o suprimirlo, Navidad es Navidad, no es el solsticio de invierno. Navidad es Jesucristo que nace de María virgen”. Esto es pensar con profundidad. Y tan cierto como que el Sol sale por el este y se pone por el oeste ¿o estaba quieto?

“…Y lo más bonito que se celebra estos días: el encuentro con Jesús, que viene a salvarnos”. ¿De quién?  Quizás de personas como él.

sábado, 24 de diciembre de 2016

La otra cara de la navidad

Debo advertir que a mí no me gusta la navidad. Ni en esencia ni en apariencia. Me explico.
Cuando hablo de esencia me refiero al mito de la “sagrada familia”, que junto al de los “reyes magos” están en el origen de estos festejos. No me gusta por la impostura que supone presentarlos como historias en vez de mitos, como puede ser Hércules, el caballo alado Pegaso, las sirenas, etc. Con el agravante añadido de ser la infancia el principal objetivo al que van dirigidos. Inoculando en sus pequeños cerebros en desarrollo unas disparatadas “historias” como si fueran ciertas.
Así nos encontramos con que instituciones que deberían cuidar por la salud mental y el buen desarrollo físico e intelectual de los pequeños, como son la familia, la escuela y la sociedad, colaboran para hacer pasar por verdades lo que solo son cuentos, contribuyendo a formar una población crédula y supersticiosa en lugar de ciudadanos críticos y racionales.

Si nos fijamos en la llamada “sagrada familia”, lo menos que podemos decir es que se trata de una familia muy peculiar. Pues tenemos una madre que aunque acaba de parir sigue siendo virgen, un padre que no ha participado en el acto de fecundación, y al parecer sigue en abstinencia sexual dada la supuesta virginidad de su esposa y un niño que es al mismo tiempo hijo y su propio padre, ya que representa una de las tres maneras en que se metamorfosea el dios cristiano. En fin, una historia “muy razonable” y rigurosa, que se viene contando de manera reiterada desde hace dos mil años, para formar ciudadanos racionales, críticos y difíciles de manipular. ¿O quizás ocurra lo contrario?
De los “reyes magos” solo dos consideraciones. La primera es que, independientemente de la edad, creer que tres personajes montados en unos camellos son los repartidores de juguetes a todos los niños del mundo, demuestra una falta de inteligencia preocupante. Y la segunda que, más pronto que tarde, los niños descubren que los adultos, y en especial los padres, no son dignos de confianza, sino unos mentirosos. Sin entrar en consideraciones más profundas como la desigualdad de los regalos en función del poder adquisitivo y no de la “buena o mala” conducta del destinatario como nos pretenden hacer creer.
En cuanto a la apariencia, es decir, las manifestaciones externas del evento por parte de los adultos, el panorama no es más halagüeño.
Durante el tiempo, convertido en semanas o meses por los comerciantes, que dura la navidad, no puedo dejar de rememorar aquella película de los setenta, interpretada por Jane Fonda: “Danzad, danzad, malditos”, y cuyo argumento mostraba un ambiente de terrible miseria, en los Estados Unidos durante la Gran Depresión, en el que personas desesperadas se apuntan a un maratón de baile con la esperanza de ganar el premio final en metálico y encontrar, al menos, un sitio donde comer, y mientras los concursantes fuerzan su resistencia hasta la extenuación, una multitud morbosa se divierte contemplando su sufrimiento durante días.
El imperativo de aquella película podíamos aplicarlo al periodo navideño, sustituyendo danzar por comprar. Así el lema con el que podemos definir estas fechas sería “Comprad, comprad, estúpidos”, dada la vorágine compulsiva a comprar que se apodera de las masas, que ayudada por una propaganda, muy hábil en manipular los sentimientos, genera una presión social asfixiante con “licencia para comprar” por una parte, al margen de las necesidades y posibilidades, y por otra, “sentimientos de culpa” si no se participa en este disparate (negocio) del regalo a tutiplén.
A las compras sin control se le añade unos consumos exacerbados de productos, en muchas ocasiones, dañinos para nuestra salud. Es como si durante estas fechas se nos diese permiso para liberar nuestros impulsos de las, habitualmente débiles, ataduras de la razón. Y el camino para conseguir la tan cacareada felicidad que se pregona sea a través de comprar y consumir. Destacando el consumo de alcohol y bollería típica para la ocasión como elementos esenciales de la tradición. El esfuerzo realizado para luchar contra el alcoholismo, el sobrepeso, la diabetes, el cáncer, las enfermedades cardiacas, la ludopatía, etc. de pronto hacemos un paréntesis y lo mandamos todo al garete en beneficio del mercado.
Otro ejemplo de consumo disparatado, por no decir estúpido, lo tenemos en la lotería. España es el país de Europa donde la población más dinero gasta en juegos de azar, mas de 30.000 millones de euros, de los que una parte importante se gasta en estas fechas.  Lamentablemente desaparecen por unas semanas la preocupación por la ludopatía que tanto sufrimiento causa en las familias. Se llega al disparate de que el Estado promocione la participación, incluso manipulando los sentimientos con anuncios como el de este año y la abuela demenciada a la que todos le siguen la corriente. Digámoslo alto y claro, el juego de la lotería está basado en los instintos más egoístas del ser humano  que lo impulsan a desear un beneficio a costa de que otros pierdan. Un porcentaje insignificante gana y la inmensa mayoría de los que participan pierden. Deberían sacar en los medios a las personas que se han gastado en lotería lo que tenían que haber destinado a cosas necesarias y se han quedado sin nada. Eso sería hacer pedagogía y no mercantilismo. Como dice el refrán: “Quien juega por necesidad, pierde por obligación” y aquí, se juega por necesidad.
Para finalizar solo señalar, como reflejo del tipo de sociedad que somos, los iconos que de manera habitual nos viene mostrando la televisión en la salida y entrada de año: Las sensuales burbujitas de una bebida alcohólica y la insana bebida azucarada de la que se venden un millón de envases diarios en el mundo. Todo ello endulzado con el turrón que nos retrotrae a una añorada infancia y perfumado con colonias que actúan como irresistibles feromonas. La ciencia, las artes, en definitiva la cultura y la salud de las personas y el medioambiente lo dejaremos para otro momento.
Ahora toca devorar, emborracharse, apostar, comprar, rezar, en fin, divertirse. Que ustedes lo pasen bien. Yo, como decía Sinatra, lo haré “A mi manera”.
Antonio Pintor Álvarez
Córdoba 24 de diciembre de 2016
P.D: A mis hijos, Sonia, Antonio y Luis, por ser los más afectados, para bien o para mal, con esta manera de ver las cosas y cuya coherencia con la misma ha hecho que la mayoría de las veces mi regalo de navidad haya sido que “no hay regalo”.

sábado, 10 de diciembre de 2016

Derechos Humanos y Medioambiente

El 5 de diciembre de 2013, hace ahora tres años, más de cien grandes ciudades chinas se cubrieron de una pesada cortina de contaminación. La visibilidad se redujo a pocos metros, provocando importantes alteraciones del tráfico y obligando al cierre de los colegios y edificios públicos. La concentración de partículas superaron el nivel  máximo de seguridad recomendado por la Organización Mundial de la Salud (25 microgramos/m3) en más de 24 veces en Shanghái y más de 40 en Beijing. A esta situación se le ha denominado “airpocalypse”  para subrayar el coste catastrófico, incluso en vidas humanas de aquella emergencia. En un estudio publicado en la revista médica The Lancet el número de muertes a causa de la contaminación en el continente asiático –añadiendo a los de China, los producidos en India y la península de Indochina- superan los dos millones anuales. Estados Unidos que históricamente ha tenido el dudoso honor de liderar el ranking de países contaminantes, ha sido superado por China que ha pasado de 21 millones de toneladas en 1950 – cuando los EEUU andaban por cerca de 700 millones- a superar los 2000 millones en la actualidad. India, con unas magnitudes menores, sigue una trayectoria similar.
También en diciembre -el 10 de 1948- hace ahora 68 años, se adoptó y proclamó por la Asamblea General de las Naciones Unidas la Declaración Universal de los Derechos Humanos, con la loable intención de crear las condiciones que evitaran guerras tan terribles como las producidas en las últimas décadas. Parece lógico que se enfocaran en la defensa y cuidado de las personas, subrayando la importancia de la dignidad intrínseca de éstas como base para la libertad, la justicia y la paz, que habían sido aplastadas por los regímenes nazis y fascistas de Alemania e Italia respectivamente. A pesar de haber sido asumidos teóricamente por las naciones integrantes de la ONU, siendo  incluidos en numerosas bases legislativas de los diferentes estados nacionales…  se incumplen de forma sistemática, peligrosa y progresivamente con mayor frecuencia e impunidad. De manera que, antes de haber sido capaces de solucionar los aspectos de convivencia entre los seres humanos, nos hemos encontrado con un problema añadido de una gravedad extrema, el calentamiento global del planeta, como consecuencia de la exagerada contaminación medioambiental que estamos produciendo y que nos lleva al desastre y al exterminio de la vida en la Tierra tal como la conocemos en la actualidad.
Si conseguir un mundo en el que se respeten los Derechos Humanos es una meta deseable y tenemos que seguir trabajando en ello. Resulta dramático comprobar que si continuamos por la senda del crecimiento sostenido como fórmula  para que las naciones prosperen, según proclaman con alegría los gobernantes actuales, además de ser falso, nos lleva a la destrucción de nuestro hábitat. De ahí la necesidad de incluir la protección medioambiental. Por ello en el año 2000 se lanzó la llamada “Carta de la Tierra”, proclamación internacional en la que se afirma que la protección medioambiental, los derechos humanos, el desarrollo igualitario y la paz son interdependientes e indivisibles.
Quienes defienden el crecimiento del Producto Interior Bruto como indicador de la “buena” evolución económica del país –caso de España y resto de la Unión Europea- siguiendo el cínico lema “Crece ahora, y después preocúpate de los pobres”, se apoyan en la creencia dogmática de que la creación de riqueza beneficia a “todos” y que los efectos colaterales, como la contaminación y la desigualdad, son transitorios gracias a la mejora tecnológica y al “goteo de arriba hacia abajo” de la riqueza. Para fundamentar estas creencias se apoyan en la curva que Simón Kuznets – Premio Nobel de economía en 1971- , utilizó para reflejar los resultados del estudio del ciclo económico a largo plazo que caracterizó a los países de primera industrialización en relación con la desigualdad económica, sin pretender que tuviera un valor predictivo y mucho menos prescriptivo, pues solo era un estudio descriptivo. A pesar de ello la llamada “Curva de Kuznets” es utilizada por la ideología neoliberal para explicar las bondades del crecimiento del PIB, ya que aunque en una primera fase, nos dicen, cause desigualdad en lo económico y contaminación en lo ambiental, conforme el crecimiento progresa llegará a un punto de inflexión a partir del cual ambos fenómenos-desigualdad y contaminación- irán descendiendo como corresponde a la imagen de una curva de campana en forma de U invertida, en la que en el eje horizontal se refleje el PIB y en el vertical el índice de desigualdad (GINI) o la contaminación ambiental, según el problema que estemos analizando. Lamentablemente, al igual que en otras afirmaciones de la ideología neoliberal, solo son creencias dogmáticas sin base empírica en la que apoyarse, pues los hechos nos cuentan una historia opuesta.
El Articulo 25 de la DDHH dice que: “Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado…”. Sin embargo aunque la riqueza a nivel mundial ha aumentado exponencialmente, ello no ha supuesto una distribución equitativa de la misma, como predice la “teoría del goteo hacia abajo”. La brecha entre ricos y pobres se ha hecho mayor en los últimos treinta años, precisamente cuando se han aplicado las políticas neoliberales, como muestra el informe de Oxfam presentado en enero de 2014 en la cumbre de Davos, según el cual las 85 personas más ricas del mundo poseen una riqueza superior a más de la mitad-3.500 millones- de la población mundial más pobre. Incluso en los países tradicionalmente más igualitarios, como Suecia y Noruega, la porción de riqueza ha pasado a los más ricos en una porción superior al 50%. No solo no hay “goteo hacia abajo” sino que se está produciendo una “aspiración hacia arriba” de la riqueza.
En cuanto al impacto medioambiental, tenemos a China e India como ejemplo de países emergentes más destacados en los aspectos económico y demográfico, en los que el punto de inflexión, al igual que el punto G, solo aparece en la imaginación de los gobernantes, siendo desmentido una y otra vez por los hechos. A pesar de ello los organismos internacionales lo han convertido en un dogma que les sirve de coartada para justificar el traslado sistemático, masivo y destructivo de los procesos de producción más tóxicos desde las tradicionales economías desarrolladas a las periféricas que aún no están “saturadas”.
En conclusión podemos afirmar que la aplicación de las políticas neoliberales nos lleva a un retroceso de los Derechos Humanos Universales aumentando la desigualdad entre ricos y pobres, al tiempo que provoca un aumento del deterioro medioambiental, situaciones que los seres humanos no podemos permitirnos si no queremos abocar a la  autodestrucción.
                                                                                         Córdoba 10 de diciembre de 2016

miércoles, 31 de agosto de 2016

El obispo, la bomba y el género

Por primera vez y sin que sirva de precedente saldré en “defensa” del Sr. Demetrio Fernández, obispo de Córdoba, ante las múltiples críticas de que ha sido objeto en prensa en los últimos días. Algunas realizadas por amigos y compañeros a los que admiro y respeto.       No lo hago porque comparta su opinión sobre la Ley de Identidad y de Expresión de Género e Igualdad Social aprobada en la Comunidad de Madrid a la que ha calificado de “bomba atómica para la iglesia”, pues mi pensamiento, principios y valores están en las antípodas de las que este Sr. y la institución que preside, Iglesia Católica, predican y practican.
Mi “defensa” surge porque este Sr. dice lo que debe decir siendo coherente con los dictados de la organización a la que pertenece. Motivo por el que cuenta con el apoyo de las Cofradías,  sacerdotes y feligreses, como componentes de la misma. No me parece correcto atacar al mensajero cuando el mensaje no es de nuestro agrado, hay que ir a los orígenes del mismo, no quedarnos en la superficie sino buscar la raíz del problema. No se trata de que las declaraciones del obispo sean improcedentes en los tiempos actuales, que lo son, pero no porque se le hayan ocurrido a este Sr. sino porque se apoyan en un sistema de creencias que aunque, es compartido por millones de personas, en la mayoría de los casos viven ajenas a las muchas barbaridades en las que se sustenta, e ignoran el papel que representa en la perpetuación de los conflictos humanos. Todo ello facilitado por haber acomodado la fe religiosa a la cotidianidad social sin entrar en ningún tipo de análisis de las mismas. Mecanismo que recuerda aspectos del trastorno psicopatológico del delirio.
Son estos sistemas de creencias basados en la fe y no en la razón, en la ignorancia y no en el conocimiento (“Bienaventurados los pobres de espíritu, es decir los ignorantes, porque de ellos es el reino de los cielos”), los que han inspirado las mayores atrocidades cometidas por los seres humanos. Por ello el coctel formado por las creencias religiosas y la existencia en la actualidad  de terribles armas de destrucción masiva es la autentica bomba que pone en riesgo el futuro de la humanidad.
En las declaraciones de los representantes de las Cofradías de diversas localidades, argumentan que el obispo está en su derecho de criticar “la ideología de género”, al igual que lo ha hecho el Papa Francisco, señalando que  es diferente de “la igualdad de género” que si dicen defender, pues ésta si persigue equiparar los derechos entre hombres y mujeres. Por supuesto que el Sr. Obispo tiene derecho a criticar la ideología de género al igual que cualquier otra, se llame marxismo, neoliberalismo, cristianismo, etc. Sin embargo lo más sorprendente de todo esto es la habilidad que tienen los miembros de la Iglesia para decir una cosa y hacer justamente lo contrario sin inmutarse.  
Como ciudadano que ha recibido una obligada “formación religiosa” en la escuela de la dictadura, dominada por la Iglesia Católica, no recuerdo ninguna ocasión en la que dentro de esta doctrina se tratara a la mujer en condiciones de igualdad con respecto al hombre, más bien todo lo contrario. La brutal discriminación de la mujer en los textos sagrados, al parecer dictados o inspirados por un Dios que todo lo sabe y todo lo puede, ¡es abrumadora! Algo que puede corroborarse con facilidad con solo consultar los mismos. Ya en el Génesis se nos informa que: "Por la mujer comenzó el pecado, por culpa de ella morimos todos".
Y en Eclesiastés, ¡palabra de Dios!, se dice:
-"He hallado que la mujer es más amarga que la muerte, porque ella es como una red, su corazón como un lazo y sus brazos como cadenas. El que agrada a Dios se libra de ella, mas el pecador cae en su trampa;
-"Por más que busqué no encontré; entre mil se puede encontrar un hombre cabal, pero mujer cabal, ni una entre todas".
Perlas similares en las que la mujer es tratada de la forma más denigrante imaginable como que "la mujer es más amarga que la muerte " o que "vale más maldad de hombre que bondad de mujer" se encuentran escritas en unos textos considerados por esta doctrina “la palabra de Dios”, evidenciando una misoginia extrema y delictiva, aunque los gobiernos “democráticos” miren hacia otro lado y no exijan a los dirigentes de esta religión que denuncien y renuncien a esta barbaridad tan estúpida y tan denigrante en contra de las mujeres.
Por otra parte resulta evidente el papel más que secundario que la Iglesia otorga a la mujer, a pesar de que el llamado “pueblo de Dios” está compuesto en su mayoría por mujeres, desde la forma en que dice que fue creada, de una costilla del hombre para que no estuviera solo, es decir para su distracción, hasta los roles que desempeña en su propia organización. Paradójicamente la ciencia nos dice que las cosas ocurren al contrario, pues el sexo por defecto del desarrollo embrionario es el femenino, de manera que solo cuando se altera por intervención de la testosterona producida por la activación del gen SRY, ubicado en el pequeño cromosoma Y, da lugar a los cambios morfológicos que lo transformaran en varón.

En cuanto a la homosexualidad no se ha caracterizado precisamente por su defensa. Hasta en 15 pasajes bíblicos se condenan explícitamente este tipo de relación sexual  en las Sagradas Escrituras. Ejemplo: Levítico Capitulo 20: “Si un hombre se acuesta con un varón, como se acuesta con una mujer, ambos han cometido una infamia; los dos morirán y serán responsables de su muerte”. Es conocido por “todo el mundo”, y olvidado (¡maldita memoria!), el desprecio, maltrato y persecución a la que son sometidas estas personas por parte de los poderes religiosos cuando éstos no son limitados y controlados por el poder seglar. Algo que, por otra parte, no debería sorprendernos ya que para la Iglesia Católica el sexo debe quedar limitado a la procreación, siendo condenable cuando se practica con cualquier otra intención, mucho más si es por puro placer. ¿Y qué capacidad de procrear puede tener la práctica sexual entre dos personas del mismo sexo? Pues ninguna. Si a ello añadimos que se trata de una conducta que viola “su orden natural”, tendrán motivos más que suficientes para su condena.                       
Por razones de este tipo, u otras, ¡vete tú a saber! los dos Papas anteriores cuando visitaron poblaciones afectadas de manera epidémica por el SIDA en el continente africano, condenaron el uso del preservativo. Las pobres y devotas gentes que tuvieron la desgracia de escuchar su mensaje y hacerle caso se convirtieron en población de alto riesgo para contraer la enfermedad, para desesperación del personal sanitario que con esfuerzo heroico intentaban, y siguen en ello, cortar la epidemia.                                                                                                      
  Para finalizar no me resisto a transcribir un conocido pasaje bíblico sobre Lot, al que Dios, cuando decidió destruir  las ciudades de Sodoma y Gomorra al parecer afectadas de una especie de epidemia de lujuria, perdonó la vida por su bondad y a su mujer la convirtió en estatua de sal por curiosa:                               
 Llamaron a Lot y le dijeron: « ¿Dónde están esos hombres que llegaron a tu casa esta noche? Mándanoslos afuera, para que abusemos de ellos.»
Lot salió de la casa y se dirigió hacia ellos, cerrando la puerta detrás de sí, y les dijo: «Les ruego, hermanos míos, que no cometan semejante maldad. Miren, tengo dos hijas que todavía son vírgenes. Se las voy a traer para que ustedes hagan con ellas lo que quieran, pero dejen tranquilos a estos hombres que han confiado en mi 
hospitalidad.»                                         
Aunque aceptáramos que la ciudad estaba habitada por “salidos sexuales” que buscaban alivio de cualquier forma ¿Es razón para exterminar a todos sus habitantes? ¿Qué ofensa de impureza podía haber cometido la población infantil, bebes incluidos? ¿Y los pobres animales? ¿No son razones para, al menos cuestionar, lo que se nos cuenta en ese compendio literario del disparate que es la Biblia? No he escuchado a ningún predicador de esta doctrina hablar de estas víctimas que en lenguaje actual serian consideradas “efectos colaterales”. Lo que debe ser motivo de tranquilidad para los creyentes americanos al saber que ocurren hasta en las misiones divinas.                                                                                                                                    
Como dice el refrán: “No se pueden pedir peras al olmo” y esto es lo que hacemos cuando pretendemos que desde la Iglesia Católica se dé un mensaje de respeto a la mujer y a los homosexuales, sencillamente porque no está en “su naturaleza”.

viernes, 29 de julio de 2016

Nuestro veneno de cada día

No, no me refiero a las píldoras tóxicas que nos suministran diariamente los medios “informativos” de nuestro país con TVE a la cabeza. Se trata del aire que respiramos, el agua que bebemos y los alimentos que comemos.
A menudo escuchamos la frase: “Somos lo que comemos”. Incluso el filósofo y profesor de ética Peter Singer, autor del best seller “Liberación animal”, ha utilizado este título para uno de sus últimos libros. Evidentemente no se pretende  que se tome tal frase de forma literal, sino resaltar la importancia de la alimentación en lo que somos, tanto en lo referente al desarrollo orgánico como a la salud.
Son muchos los hechos que nos señalan que en este asunto, como en tantos otros,  vamos por mal camino.
Hemos sido testigos, y continuamos siéndolo, de la estafa económica sobre los pueblos europeos por parte de los individuos  que ostentan los poderes económicos, ayudados por aquellos políticos a los que “prestan” dinero para sus campañas u otros menesteres, y que desgraciadamente demasiados ciudadanos, a pesar de todo, siguen votando. Estafa a la que eufemísticamente se le ha denominado “Crisis” y que ha sumido en la miseria a millones de personas y beneficiado a ladrones y sinvergüenzas sin escrúpulos que vemos desfilar todos los días por los noticiarios y/o tribunales de justicia.
Lamentablemente no es la única crisis que nos urge dar respuesta desde la ciudadanía. Además estamos ante una “Crisis Ecológica Global” que afecta a cuatro dominios fundamentales para el futuro de la humanidad: la biodiversidad, la energía, el clima y la salud.
En lo relativo a la salud, si nos fijamos en las enfermedades que más preocupan en estos momentos: cáncer, enfermedades neurodegenerativas, diabetes, trastornos inmunitarios, asma, alergias, esterilidad, etc. su incidencia, es decir nuevos casos, va en aumento. En nuestro país el Cáncer de Mama, como representativo de este mal en la mujer, aumenta en algo más del 2% anual; a los hombres no les va mejor si nos fijamos en el Cáncer de Próstata.
Si añadimos a lo anterior lo publicado en dos estudios en 2011 en los que, en uno se demostraba que “la esperanza media de vida de los estadounidenses ha disminuido por primera vez en su historia” y en el otro se constataba que “en treinta años se ha duplicado la cantidad de personas que padecen obesidad en el mundo”, podemos decir que estamos más gordos, más enfermos y vamos camino de vivir menos. Paradójicamente en tiempos en que ciencia, tecnología y riqueza a nivel mundial han alcanzado las mayores cotas de nuestra existencia.
Son muchas las evidencias que nos muestran la importancia que tiene la alimentación en lo que nos está ocurriendo. Si partimos de la base de que lo que somos es el resultado de la interacción de los genes con el ambiente y dado que el cambio en los genes suele ser muy lento, parece  obvio que las anomalías que están apareciendo tienen su origen, en gran medida, en la exposición ambiental. Por ello se ha señalado como elemento esencial para mejorar la situación basarse en lo que se ha denominado: “expologia”, es decir tener en cuenta todas las exposiciones químicas a las que está sometido el ser humano en su entorno, desde su desarrollo embrionario, cuando los riesgos son mayores, a la edad adulta.
En el mundo de la investigación alimentaria existen dos tendencias que a pesar de ser complementarias y constituir las dos caras de una misma moneda, desgraciadamente como en tantas otras cuestiones, se suelen ignorar entre sí.
Por un lado tenemos aquellos científicos interesados de manera casi exclusiva en el “estilo de vida” y que, en los aspectos relacionados con la alimentación, ponen el foco del debate en la “dieta mediterránea” versus “comida basura”. En otras palabras, sobre la clase de alimentos que ingerimos: verduras, frutas, hidratos de carbono, grasas, proteínas, etc. Con esta cara de la moneda estamos más familiarizados por ser la que se utiliza en la práctica médica y porque suele ocupar los medios informativos mediante charlas y consejos al respecto. En ellos se nos informa de las propiedades saludables de la “dieta mediterránea” frente a las nefastas consecuencias para la salud de la popular y extendida “comida basura”. Aunque diésemos por buenas las recomendaciones de los organismos oficiales, que algunas no lo son, respecto al tipo de alimentos que debemos consumir, es evidente que resulta incompleta si queremos alimentarnos de manera saludable. Nos falta la otra cara.

Para mostrarlo nada más útil que un ejemplo: En 2010 se publicó un estudio realizado en Francia en el que se analizó la alimentación cotidiana de un niño de 10 años que seguía las recomendaciones oficiales al respecto. El balance fue abrumador: “Ciento veintiocho residuos, ochenta y una sustancias químicas, cuarenta y dos de las cuales están clasificadas como cancerígenas posibles o probables, y cinco sustancias que están clasificadas como cancerígenas seguras. Así como treinta y siete sustancias susceptibles de actuar como “perturbadores endocrinos”Para el desayuno, solo la mantequilla y el té con leche contenían más de una decena de residuos cancerígenos posibles y tres que lo son seguros, así como una veintena de perturbadores endocrinos… Lo mas “rico” resultó ser la rodaja de salmón para la cena con treinta y cuatro residuos detectados”. Esta otra cara de la alimentación es de la que se ocupan los investigadores que ponen la mirada en los orígenes medioambientales de las enfermedades crónicas y los diversos tipos de cáncer. Aquí el foco se pone en la calidad de los alimentos en lo referente a la manera en que se producen y distribuyen, como elementos propiciadores de la alta contaminación por productos químicos en los mismos.
En 1991 un grupo de investigadores de diferentes disciplinas con Theo Colburn a la cabeza, añadieron un motivo más de preocupación sobre los riesgos de enfermar por los contaminantes ambientales, pues a las enfermedades  que habitualmente se estudiaban (cáncer, diabetes, neurodegenerativas, etc.) fueron capaces, al unir las diferentes piezas que cada uno aportaba desde su especialidad, de construir el puzle que les permitió vislumbrar el mecanismo por el que muchos de los productos químicos que estábamos usando producían graves malformaciones en el aparato reproductor y en la conducta de apareamiento de múltiples especies de la fauna silvestre. Estas sustancias actuando como “impostores hormonales” consiguen gracias a la sinergia que se produce entre ella que dosis casi homeopáticas de una parte por billón produzcan graves daños en el desarrollo de los embriones. A estas sustancias el grupo las denominó “Disruptores endocrinos” y dio la alarma sobre las repercusiones en los seres humanos dada la ubicuidad de las mismas por la insensata utilización de productos químicos, como los plaguicidas que han contaminado las aguas, el aire y los alimentos, junto a otras que forman parte de la mayoría de los utensilios de uso cotidiano en las sociedades desarrolladas  como plásticos, electrodomésticos, aparatos electrónicos, cosméticos, etc.
A pesar de los datos que indican el riesgo en la población humana de estas sustancias, especialmente en mujeres gestantes por los graves efectos en los embriones en desarrollo (retraso cognitivo, trastornos inmunitarios, de memoria y atención, etc.), la poderosa industria química se las sigue ingeniando para que las diferentes agencias reguladoras gubernamentales en vez de actuar con la rapidez de la liebre ( para beneficio de la población) lo hagan con la lentitud de la tortuga ( en beneficio de la industria química) y, lo que es peor, como la EFSA (Agencia de Seguridad Alimentaria de la UE) que en 2015 declaró que “el Bisfenol-A no supone riesgo para la salud a las dosis de exposición habituales”. Negando la evidencia de multitud de estudios científicos independientes y dando muestra de una ignorancia escandalosa al utilizar métodos de evaluación desfasados y no apropiados (al no tener en cuenta el efecto sinérgico del coctel químico al que estamos expuestos ni los diferentes periodos críticos del desarrollo, entre otros). Pero, eso sí, en sintonía con lo que defienden las empresas químicas.

En general seguimos sin aplicar el Principio de Precaución, que obligaría a demostrar la seguridad para la salud de las sustancias químicas antes de permitir su uso, con lo que se trasladaría la “carga de la prueba” a las empresas comercializadoras. Justo lo contrario de lo que ocurre en la actualidad que se permite su uso, basándose en los datos que la propia empresa proporciona. Requiriéndose  pruebas concluyentes de la nocividad del producto para su prohibición.

Por ello, dada la incompetencia y la falta de garantías de las agencias gubernamentales en proteger a sus ciudadanos se hace necesario un activismo social que  muestre a esa ciudadanía “instalada” en la apatía y el consumismo ciego los riesgos a los que estamos sometidos. Exigiendo que se democraticen las instituciones responsables y se pongan en marcha medidas correctoras por parte de los gobiernos… Y mientras tanto pongamos nuestro granito en la consecución de un mundo más saludable comprando en el comercio del barrio productos de temporada y ecológicos. Contratar con eléctricas sostenibles tipo SOM y si alguien tiene algún dinero usar banca ética (Triodos, Fiare, etc.).Con ello disminuiremos nuestra dosis de venenos diarios y el riesgo para nuestros hijos y nietos.

viernes, 17 de junio de 2016

Nuevas Elecciones: Ante la ingenuidad y la estupidez, seamos inteligentes.

Con motivo de las nuevas elecciones y una vez actualizada, vuelve a ser oportuna la reflexión realizada para una cita electoral anterior.
En un artículo anterior “El cerebro y las decisiones políticas” reflexionaba sobre las causas que, según los experimentos científicos, nos inclinaban hacia una opción política concreta. En éste, de una manera menos científica y algo irónica pues se analiza desde “mi” escala de valores, pretendo hacer ver las consecuencias de las elecciones que hacemos.

Carlo M. Cipolla nos advierte en su breve ensayo sobre “Las leyes fundamentales de la estupidez humana” que la humanidad se encuentra en un estado deplorable. Añade que desde Darwin sabemos que compartimos nuestro origen con el resto de las especies del reino animal, las cuales  tienen que soportar sus dosis cotidianas de tribulaciones, temores, frustraciones y adversidades. Sin embargo, nosotros los humanos tenemos que cargar con una dosis extra de tribulaciones cotidianas, provocadas por un colectivo  perteneciente al propio género humano y que sin estar organizados actúan en perfecta sintonía. Similar a la “mano invisible”, que según Adam Smith guía a los mercados, pero que en este caso si funciona, consiguiendo una gran eficacia en la actividad del grupo. Se refiere a los “estúpidos”.
La 1ª Ley ya nos pone en guardia, pues dice: “Siempre e inevitablemente cada uno de nosotros subestima el número de individuos estúpidos que circulan por el mundo”.
Aclaremos a qué se refiere Cipolla cuando habla de estupidez humana y de individuos estúpidos.
En las interrelaciones humanas cada uno de nosotros suele obtener una ganancia o una pérdida, y al mismo tiempo proporciona una ganancia o una pérdida a algún “otro”. Es lo que en “la teoría de juegos” se conoce como “juego de suma cero”. Es decir, lo que unos ganan otros lo pierden.
 Esto lo podemos ilustrar mediante una gráfica:

El eje de la “X” mide la ganancia o pérdida del sujeto analizado.
A la derecha del punto “0” estarían las ganancias y a la izquierda las pérdidas. En el eje “Y” se registra la ganancia o pérdida que obtiene el sujeto, grupo o “ente” con el que interactúa el sujeto analizado.
En la parte superior del punto “0”  estarían las ganancias y en la inferior las pérdidas.
Como podemos observar de esta interacción obtenemos cuatro cuadrantes que se corresponden con las cuatro categorías fundamentales en las que  Cipolla clasifica a los seres humanos:
-         los “Incautos” (H), que con su acción obtienen perdidas para ellos y beneficios para los otros;
-         sus opuestos que serian los “Malvados” (M), que con su acción obtienen beneficios a costa de otros;
-         los “Inteligentes” (I), quienes actúan de manera que todos ganan; 
-          y sus antagónicos los “Estúpidos” (E), que consiguen que todos pierdan.
Si trasladamos esta tipología humana al terreno electoral observaremos que los electores se comportan muchos como incautos y la mayoría como estúpidos en función de los escenarios que consideremos. Veamos:
Si el escenario sobre el que enfocamos la conducta electoral lo centramos en los aspectos económicos, democráticos, laborales y sociales como elementos constituyentes de lo que denominamos “estado del bienestar”, comprobamos que hasta ahora, y parece que, desgraciadamente esta tendencia continua, la mayoría social del país, que se encuentra entre las víctimas de las medidas adoptadas por nuestros gobernantes y los oligarcas que los manejan, a la hora de emitir su voto lo hace volviendo a elegir a quienes son los causantes de sus desgracias –PP y PSOE en España - y la derecha europea y la socialdemocracia en Europa.
Es decir, su conducta electoral les perjudica y, en cambio, beneficia a quienes los hechos muestran que nos han llevado a la pobreza mediante las múltiples estafas (Rato y Bankia, Familia Pujol, etc), corrupciones de todo tipo (Gürtel, Bárcenas, Filesa, Eres, Palau, Nóos, etc) y legislando en beneficio del capital a costa del resto de la población (Art. 135 CE) y políticas austericidas. Este es un ejemplo típico de conducta incauta. Pues con su voto se perjudica a sí mismo y a los que comparten su situación socioeconómica (trabajadores, desempleados, jubilados, discapacitados, etc.) en beneficio de “otros”  (capital y sus servidores) que precisamente son el origen de sus penurias y calamidades.
En cambio si el foco lo ponemos sobre el Planeta Tierra, o sea a nuestra “Casa común”, como sujeto sobre el que recaen las consecuencias de nuestras decisiones electorales, y como dice Naomi Klein: “el clima lo cambia todo”, pasamos del grupo de los “incautos” al de los “estúpidos”.
Todos los científicos coinciden en que tenemos un problema. Un problema grave. Mientras nuestros políticos, nuestros empresarios y nuestra propia estupidez se encarguen de que sigamos siendo mortalmente adictos al carbón, al gas y al petróleo, hay algo que podemos prever: que las cosas van a empeorar al ir encauzados hacia el desastre medioambiental. Confirmándose la primera ley, el número de estúpidos se eleva muchísimo.
Los partidos que nos han gobernado hasta ahora, aunque a nivel teórico se ven obligados a reconocerlo, siguen actuando con una obstinada negación del calentamiento climático, acentuando la crisis energética, la hecatombe de la diversidad biológica, y en general la crisis ecológico-social como consecuencia de su empecinamiento en salir de la crisis económica y financiera mediante la única solución en la que ellos creen, el crecimiento. Sin reparar que nuestro planeta ha llegado al límite de la agresión tolerable y que no podemos seguir creciendo de manera infinita en un espacio limitado.
Según los informes de múltiples organismos internacionales hemos sobrepasado varias líneas rojas (emisiones de CO2, agujero de la capa de ozono, acidificación de los océanos, aumento de los aerosoles en la atmósfera, extinción de especies, escasez de agua dulce, etc.) entrando en la “Era de la Catástrofe”. Si nos fijamos en indicadores como la “huella ecológica", estamos más allá de los límites del planeta ya que estamos empleando aproximadamente un 150% de su biocapacidad.
Lo peor de todo es que se conocen las causas y las soluciones a aplicar, pero al igual que ocurrió con el antisemitismo nazi, en el que la mayoría de los alemanes y resto de europeos, miraron hacia otro lado en lo que algunos denominan “Denegación” y/o “Ceguera voluntaria”, con "la crisis ecológico-social global", que no es otra cosa que el choque de las sociedades industriales contra los límites biofísicos del planeta, nos está ocurriendo lo mismo.
Instalados en la  “Era de la Eco-Denegación”, seguimos negando realidades patentes y ocultando sus causas y soluciones. Hemos entrado desde hace unas décadas en lo que de manera similar a la “denegación de ayuda” hacia las comunidades masacradas de manera inhumana por los nazis, escudándose en “no lo sabíamos”, que en realidad era un “no queríamos saber”, en un expolio de los recursos naturales a unos límites que nos están llevando a convertir nuestro planeta en un lugar incompatible con la vida humana.
Los negacionistas y los defensores del pensamiento hegemónico centrado en el Crecimiento “Llaman eco-pesimismo a lo que es simplemente superación del eco-analfabetismo y rechazo de la eco-denegación”.
Las leyes de la estupidez humana nos conducen a un escenario en el que incluso los que están obteniendo beneficios económicos como consecuencia del expolio a los ciudadanos –los Malvados en la clasificación de Cipolla- se verán perjudicados, pues la destrucción de nuestro hábitat al que nos están llevando también acabará afectándoles. Obviamente dado que tienen más poder serán los últimos en sufrir las consecuencias. Robaran y eliminaran a quienes les estorben, hasta que la tierra sea completamente inhabitable y entonces perecerán como el resto.
En definitiva elegimos a quienes con su visión cortoplacista centrada en el crecimiento como solución y afán de acumular dinero están destrozando el planeta en el que vivimos, llevándonos a la destrucción del ser humano, ellos incluidos. A largo plazo todos perdemos cuando actuamos de manera estúpida.
El 26 de junio se presenta una oportunidad de cambiar el rumbo de las cosas. Espabilemos. Elijamos de manera inteligente. Votemos por aquellos partidos que defienden y proponen medidas para la sostenibilidad del planeta, mejorar la democracia, gobernar para los ciudadanos y no estén sometidos a la dictadura del poder económico. ¿Es tan difícil?

Aquí tenemos algunos políticos "Malvados", en el sentido de Cipolla, riéndose.
 ¿De quién? Con toda seguridad de "nosotros". Sus víctimas, por nuestra "estupidez"

Nota: Este escrito tiene un corolario, pues como indicaba al principio del mismo, este análisis está hecho desde los valores que defiendo: “Altruismo social” concretado en la defensa del bien común; “Altruismo Ecológico” defensa del Planeta por encima de localismos; Erradicación de la pobreza, Democracia..., que evidentemente no son los que predominan, al menos en la práctica, por ello asumo que la mayoría pensarán que el incauto y/o estúpido soy yo.

Antonio Pintor Álvarez
Junio 2016