4 de agosto de 2026.
Este artículo es un intento por equilibrar los
papeles y desmontar esa perniciosa creencia, pues ni el Sol es tan malo como lo
pintan ni las cremas protectoras son tan beneficiosas como la propaganda
nos quiere hacer creer.
Aunque el Sol
es fuente de vida, es
importante conocer aspectos básicos para exponernos de manera inteligente, que
no es precisamente lo que está haciendo la chica de la foto.
Radiación solar.
Se
denomina radiación ultravioleta (UV) a la radiación
electromagnética cuya longitud de onda está comprendida, aproximadamente, entre
los 10 y los 400 nanómetros (nm). Su nombre proviene de empezar
su rango desde longitudes de onda más cortas de lo que los humanos
identificamos como el color violeta (400nm), siendo dicha luz o longitud
de onda invisible al ojo humano al estar fuera del espectro visible (380nm –
780nm). Esta radiación es parte integrante de los rayos solares y produce
varios efectos en la salud al ser una radiación que oscila entre la inocua
no-ionizante y la dañina ionizante.
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Los rayos UVA -onda larga- (400-315nm) Suponen la mayor
proporción de los rayos ultravioleta (95%) y son los de mayor riesgo para
la salud por su acción silenciosa sobre la piel penetrando hasta los
vasos sanguíneos situados en la dermis, dañando el tejido
conjuntivo lo que provoca que la piel pierda su tono y elasticidad, causando
envejecimiento prematuro, manchas y arrugas. Además, puede
dañar el ADN de las células con el riesgo de cáncer de piel y la capacidad para
destruir el folato, imprescindible en múltiples procesos vitales. Son
los famosos rayos UVA de las clínicas de belleza, ya que oxidan la melanina
almacenada produciendo un bronceado rápido pero efímero.
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Los rayos UVB -onda media- (315-280 nm), suponen
el 5% de los rayos UV, tienen menor longitud de onda que los UVA, solo penetran
en la epidermis y hacen que los melanocitos produzcan
el pigmento melanina y después se almacena en los melanosomas
que son captados por las otras células de la piel, los queratinocitos,
y forman una capsula nuclear que protege su ADN.
Estas
radiaciones son las que convierten un derivado del colesterol en provitamina
D o Colecalciferol al actuar sobre los queratinocitos.
Son
los que producen la alergia al sol y el enrojecimiento de la piel
avisando del riesgo de quemadura si persiste la exposición. Al igual que los
UVA también suponen un riesgo de cáncer de piel.
A diferencia con los UVA, al estimular la producción de melanina por los melanocitos, producen un bronceado más lento pero persistente.
-
Los rayos UVC -onda corta- (280-100 nm) no llegan a la
superficie terrestre al ser bloqueados por la capa de ozono y el oxígeno de la
atmosfera. En la actualidad se está utilizando lámparas con luz UVC para desinfectar
espacios en hospitales, ampliando el uso que con esta función se les
estaba dando en la estación espacial.
Otros
conceptos que necesitamos conocer para un correcto manejo de la exposición
solar son: el
DEM y el SPF.
- DEM son las
siglas de Dosis Eritematosa Mínima y se refiere a la cantidad
mínima de radiación ultravioleta necesaria para provocar un enrojecimiento de
la piel a las 24 horas. Depende de variables como el color de piel, la
situación geográfica, la estación del año y la hora. Siendo su intensidad
máxima en el ecuador de la Tierra desde donde va disminuyendo si nos alejamos
hacia los Polos. Podemos decir de manera
simplificada que el DEM es la defensa natural de cada persona ante la
exposición solar y consiste en el tiempo que tarda ésta en producir
enrojecimiento en cada persona en un momento y lugar concreto.
- El SPF
(en inglés) o FPS (en español) son las siglas de Factor de Protección Solar e indica
cuantas veces (tiempo) se puede aumentar el DEM individual
antes de que aparezca el enrojecimiento. Es una medida que indica, el número de
veces que el fotoprotector aumenta la capacidad de defensa natural del cuerpo
frente al enrojecimiento previo a la quemadura producida exclusivamente por la
radiación UVB. Es el número que aparece en los envases de las cremas de
protección solar. Aunque se ha extendido el uso de las cremas con el máximo SPF
50+, si tenemos en cuenta que se deben aplicar cada dos horas y siempre después
del baño o secado no hace falta obsesionarse con
factores altos, pues un SPF de 15 o 30 son suficientes para cubrir las dos
horas. Lo importante es tener la precaución de reponerlo con la frecuencia
recomendada y que incluya protección a los UVA, que son los más peligrosos. En
el esquema adjunto se recogen los símbolos que debemos conocer.
A partir de la década de los ochenta, coincidiendo con el deterioro de la capa de ozono causada por el intensivo uso de los clorofluorocarburos (CFC) como refrigerantes industriales y propelentes, se inició una importante campaña alertando al público sobre la necesidad de protegerse del sol.
Los
temores de un mundo sin capa de ozono, con los seres humanos calcinados bajo un
sol implacable y enfermando de cáncer de piel, gracias a las medidas tomadas
por las Naciones Unidas en el Protocolo de Montreal prohibiendo el uso de los
CFC, no se han hecho realidad.
Sin
embargo, el miedo instalado en la población fue hábilmente utilizado por
las empresas fabricantes de todo tipo de cremas bloqueadoras y
protectoras solares, cuyas ventas se han multiplicado y curiosamente la
incidencia del temido melanoma, del que se supone nos protege, también
se ha incrementado. Y ello, a pesar de que la capa de ozono es ahora más
segura que hace 30 años.
Si lo
ponemos en cifras, desde 1972 el uso de cremas protectoras solares ha
aumentado a 4.000 millones de unidades anuales y la incidencia de
melanomas se ha triplicado.
Según la
medicina china, el colon, el pulmón y la piel son órganos de eliminación, y los
tres contienen tejidos que desprenden mucosidades. Específicamente la piel es
considerada como un tercer pulmón, y como tal es un órgano de absorción y
exhalación. La piel como tejido de desintoxicación, exuda acné, sudores,
forúnculos y otras purulentas excrecencias.
Las cremas
protectoras solares, al igual que otras pomadas cosméticas de origen sintético
y petroquímico, recubren los poros, ahogan la respiración natural de las
células de la piel y absorben su humedad. El resultado será una piel
consumida y reseca, que intentaremos aliviar aplicando cremas humectantes,
con más petroquímicos o aceites vegetales refinados, los cuales taponaran las
vías de eliminación del órgano y harán que esa piel, maltratada con estos
productos, esté más seca y deshidratada. De esta forma, entraremos en un
círculo vicioso de uso continuo de cremas hidratantes que, al tiempo que
enriquece a los comerciantes, empobrece nuestros bolsillos y la salud de la
piel.
No sólo no
se debe ungir la piel con cremas densas, sino que debemos adoptar la costumbre
del frotado cutáneo con esponjas exfoliantes que nos abran los
poros, para lograr una piel limpia y oxigenada.
El otro
aspecto a tener en cuenta es la salud de los mares ya que son millones las
botellas de protectores solares que se enjuagan en el mar a diario. Aunque sólo
fuera para cuidar la salud de los mares y los peces, debiéramos despojarnos de
estas lociones tóxicas y sin beneficio alguno.
En nuestra cultura, con un consumismo desorbitado, hemos aprendido a temer al sol y se nos condiciona a comprar para cubrimos con encarecidas pomadas antisolares, cuando lo sensato sería aprender tanto a captar el sol como a cuidarnos con inteligencia de una excesiva exposición.
Los ancestros de los Andes ya tenían esta sabiduría y reverenciaban al Taita Inti (Padre Sol), porque lo valoraban como fuente suprema e inagotable de toda la vida en la Tierra y, para las vedas, el Prana es la fuerza vital que el sol le transmite al aire.
Los
primeros astronautas que regresaron del espacio llegaron lánguidos, consumidos
y aquejados de una extrema fatiga. La explicación de ello se tuvo cuando se
comprendió que el oxígeno no es suficiente para la vitalidad de las
personas. El aire, además de llevar oxígeno, debe estar ionizado y
magnetizado, tarea en la que el sol juega un rol imprescindible para
nuestra vitalidad. Pero, no es sólo el aire quien debe recibir la influencia
del sol, también tiene que estar en nuestros alimentos y en el agua, de ahí la
importancia del alimento vivo y fresco. El mejor horno para preservar la
integridad del alimento es el horno solar, cocinado en ollas de arcilla. El
agua que bebemos también chispea, se limpia e ioniza con el sol.
Cremas protectoras solares.
En nuestra sociedad se ha inculcado una cultura de alarma y desconfianza del sol, que ha sido hábilmente utilizada por la industria. Con la astucia de saber que la helioterapia no es comerciable pero las cremas antisolares si, las transnacionales participan en estas “campañas informativas” manipulando la ciencia. Es difícil encontrar una revista que no esté lubricada con un reportaje sobre la piel, el cáncer, los protectores solares y las cremas hidratantes.
“Los datos
demuestran que la vitamina D es un potente anticancerígeno y un exquisito
regulador inmunitario. Aunque muchas de esas propiedades se manifiestan sólo
cuando la concentración sérica de la vitamina D es superior a la media de la
población”.
En los
últimos 100 años, a pesar de que nuestra exposición al sol ha disminuido
notoriamente y el uso de cremas protectoras se ha disparado, la incidencia
de cáncer de piel se ha incrementado. Hoy en día los investigadores
especializados en la Vitamina D han observado que cerca del 85% de población
mundial no recibe suficiente exposición al sol.
Los
protectores solares, introducidos en 1988, tienen una notable responsabilidad
en la actual epidemia de deficiencia de vitamina D y, desde esa fecha, el
cáncer de piel se ha incrementado. Lo paradójico es que la
mayoría de los protectores solares nos protegen de la UVB y son menos
eficaces para protegernos de la más peligrosa luz UVA, que es la frecuencia
relacionada con el cáncer. Se estima que sólo en EE. UU. podría prevenirse
entre 200 a 300 mil casos de cáncer al año, si los niveles de Vitamina D
en la sangre fueran normalizados. Se calcula que por cada caso fatal de
cáncer de piel debido a un abuso de ultravioleta más de 200 mueren de otros
tipos de cáncer por insuficiencia de UV y niveles ínfimos de vitamina D.
Debemos
ser muy precavidos con los componentes de este tipo de cremas, pues
las lociones forman sedimentos que la piel absorbe y traslada a la sangre,
desde donde se distribuye por el organismo. Un principio que debemos tener
presente es que: “Todo lo que vayamos a untar sobre la piel deben ser
sustancias que podamos también ingerir por boca”. Si degustáramos una
cucharadita de alguno de los protectores solares al uso, su desagradable sabor
nos alertará de que esa sustancia no es apta para el consumo humano.
Desgraciadamente
la piel no tiene papilas gustativas, pues su sentido es el tacto y no el gusto.
Por ello, aunque pueda deleitarnos el masaje de una crema, no podemos reconocer
que, ese placer epidérmico, puede emponzoñar la sangre sigilosamente. En
general, aunque confiamos que estos productos han sido evaluados con rigor, no
suele ser el caso. Es la industria fabricante la que los pone a prueba y emite
los informes sobre su seguridad y eficacia.
En contra
de lo que solemos creer, gracias a la propaganda, el hecho de aplicarnos un protector
solar no va a forjarnos un pellejo de titanio, ni de resistencia ilimitada
a los rayos ultravioleta. Más aún, se sabe que la luz ultravioleta origina
reacciones químicas con este tipo de cremas, generando radicales libres y
mutaciones que desencadenan un efecto de agresión al núcleo de las células,
actuando de factores promotores de enfermedades como el cáncer. Paradójicamente
tienen el potencial de producir aquello que más temor nos produce y que con su
uso queremos evitar.
El próximo
articulo abordará los tipos de cremas, sus riesgos y como exponerse de manera
inteligente al Sol.
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