1.- Hablemos del Amor.
“El amor es
una necesidad, un antojo, un impulso para buscar el mayor premio de la vida”.
Helen Fisher, antropóloga biológica
.Para hablar del amor, no nos apoyaremos en Raphael y su eurovisiva canción del año 67, sino que seguiremos a la antropóloga Helen Fisher, que ha dedicado su vida profesional al estudio de la ciencia del amor.
Empecemos,
pues, por el principio, ¿Qué es amar?
El
premio nobel G. Bernard Shaw dijo: “El amor
consiste en sobreestimar las diferencias entre una mujer y otra”. Con esta definición estaba señalando una de las
características del amor, consistente en que la persona objeto de este adquiere
un significado especial.
El
escritor y diplomático Geoffrey Chaucer dijo: “El amor es ciego”, expresión que recoge el predominio de la emoción sobre la razón.
Ambos
autores se están refiriendo al denominado, y denostado por el feminismo, “Amor romántico”.
Antes
de entrar en detalles sobre el mismo veamos lo que nos cuenta Helen
Fisher de los diferentes sistemas cerebrales relacionados con el amor y
que han evolucionado a partir del apareamiento y la reproducción.
Son tres
los sistemas cerebrales descritos, íntimamente relacionados y cada uno de
ellos activado por hormonas específicas:
1.- El
primero es el que subyace y desencadena “el
impulso sexual”, que consiste en el deseo de gratificación sexual,
y que el escritor W.H. Auden describió de manera gráfica, como “una comezón mental insoportable”.
Esta
frase me recuerda un dicho acerca de un alcalde comunista de un pueblo, cuyo
nombre omito, famoso en toda la provincia por lo “brutos que eran sus
habitantes”. Fue invitado junto a su esposa a visitar la Unión Soviética y
entre los actos del protocolo de acogida estaba la asistencia a un concierto.
Entre el sonido de violines, pianos y otros instrumentos musicales se introdujo
un ruido ajeno provocado por el intenso rascado en la cabeza por parte de la
esposa del alcalde. Éste la recriminó advirtiéndole que estaba “dando la
nota” al atraer la atención de los espectadores con ese rascado compulsivo.
A lo que ella le contestó: “Si me rascara donde realmente me pica, entonces
sí que llamaría la atención”.
El impulso
sexual surge desde el interior de cada persona, siendo la hormona Testosterona el
mensajero que lo pone en marcha en ambos sexos. Es una sensación
parecida al hambre que tenemos, en mayor o menor intensidad, todo el
tiempo. Igual que con el hambre, donde cualquier alimento es válido para
satisfacer las ganas de comer, el impulso sexual inducido por la testosterona
se puede sentir en cualquier momento y no es necesario que su aparición ni
su satisfacción se focalice en alguien concreto. Este sistema evolucionó
para forzarnos a buscar diferentes parejas.
Diferentes
dichos populares recogen la necesidad de satisfacer el impulso sexual de
“cualquier forma” cuando éste apremia. Es el caso de “a falta de pan,
buenas son tortas” que refleja la ampliación del círculo desde lo “normalmente
deseable” a conformarnos con lo que tenemos a mano, recurriendo a la
autosatisfacción mediante la masturbación o a personas que habitualmente
no suelen despertar interés sexual. Otros dichos, con un sesgo masculino,
hacen referencia a situaciones extremas del impulso sexual, donde solo
los escrúpulos éticos ponen límites, es el caso de “en teniendo rendija
manque-sea sabandija” o “cuando las ganas de sexo aprietan,
ni los culos de los muertos se respetan.
En
estas situaciones, la orientación sexual y otras sensibilidades saltan por los
aires ante la presión del impulso sexual.
2.- El
segundo de los sistemas cerebrales corresponde al “amor romántico”, en el que nos domina la euforia y la
obsesión del amor recién encontrado. Aquí, a diferencia con el anterior no
nos vale cualquiera pues, la importancia reside en el sujeto amado que es
único. Contrariamente a lo que los antropólogos pensaron en su momento que
se trataba de un invento de los poetas franceses de la Edad Media, hoy sabemos
que ha formado parte importante de las sociedades tradicionales de las
que se tienen registros, siendo una característica que nos diferencia de los
otros grandes simios.
La
explicación evolutiva está en la necesidad que, a diferencia de otros primates,
tenemos los humanos de formar parejas para poder sacar adelante las crías, dada
la fragilidad de éstas al nacer y las ventajas evolutivas que esta
colaboración, incluida la división del trabajo, supuso para la supervivencia.
La
solución dada por la naturaleza está en el enamoramiento,
que actúa como un superpegamento de acción rápida que mantiene unida a
la pareja durante estos primeros años y que, seguramente, usa un mecanismo
cerebral similar al de la impronta en los patos y gansos. La
hormona que interviene en este circuito es la Dopamina, la misma que fue señalada erróneamente como “la
molécula del placer” por la asociación entre su actividad en el circuito
de recompensa y el subidón de ésta provocado por la inyección de cocaína
en experimentos realizados con drogadictos. Posteriormente se descubrió que, al
igual que la cocaína, las recompensas naturales estimulan
la actividad de la dopamina y que en lugar de ser un “marcador del
placer” es “una reacción a lo inesperado, lo posible y la expectación”.
Es la molécula de “la ilusión y la sorpresa”. Podríamos
decir que es “la molécula que subyace la alegría y placer de la infancia con
los regalos de los Reyes Magos o Papá Noel” cuando éstos cumplen o superan las
expectativas creadas al respecto.
Los
científicos que estudiaron este fenómeno, especialmente Wolfram Schultz,
denominaron “error de predicción de recompensa” al runrún que
obtenemos de lo novedoso. De manera que, realiza una función mucho más
importante que abarca un impresionante abanico de actividades humanas, desde
crear arte, literatura, música, buscar el éxito, descubrir nuevas leyes … y enamorarse.
En la
persona enamorada se producen una serie de características:
- Centra la atención en la persona objeto del amor
y la engrandece, tal como nos decía G. Bernard Shaw.
-
El enamorado se siente lleno de energía.
-
La relación se vuelve dependiente.
-
La persona enamorada se vuelve sexualmente posesiva.
Un ansia, que se manifiesta por la necesidad de estar y
poseer a la persona amada sexual y emocionalmente.
-
Produce motivación y obsesión, que
le hace estar todo el día pensando en la persona amada.
-
Y de manera característica cuando se les preguntaba a
los enamorados, todos estaban, naturalmente, dispuestos a morir por la
persona amada.
Cuando
Fisher estudió los cerebros de un grupo de personas enamoradas mediante
el escáner, vio que cuando se les mostraba fotos de la persona amada se
producía una gran activación en diferentes regiones cerebrales, siendo una de
las más destacadas la relacionada con los efectos de la cocaína. Estaríamos ante
una situación en la que la persona
amada desencadena un efecto similar al producido por las drogas en el cerebro.
La
conclusión a la que llegó Fisher es que el “amor romántico”
no es una emoción, sino un
impulso que se origina en la parte del cerebro que ansía, es decir,
aquella que se activa cuando se desea algo con intensidad. Incluso,
afirma, que se trata de un impulso más
poderoso que el sexual. Pues, nadie se deprime o se suicida por ser
rechazado ante la petición de relaciones sexuales, cosa que, si puede ocurrir
en personas despechadas por amor, que están dispuestas a morir o incluso a
matar. Se trata de uno de los sistemas cerebrales, similar a los del
placer, más poderosos que existen, tanto para la alegría como para la tristeza,
como se ha evidenciado en más de 175 sociedades diferentes. “La gente mata, muere y vive por amor”.
Realidad que es necesario tener presente cuando se analiza la violencia
en la pareja.
3.- El
tercer sistema es el “apego”,
que nos da la sensación de seguridad y calma que se obtiene de una relación a
largo plazo, y cuyo origen evolutivo está en la necesidad de adaptarse a otro
ser humano durante el tiempo necesario para criar a un hijo en pareja. Siendo
la Vasopresina en los hombres y la Oxitocina en
las mujeres las hormonas encargadas de activar el sistema.
La
complejidad del proceso no está exenta de complicaciones, pues los tres
sistemas –impulso sexual
(testosterona), amor romántico (dopamina) y apego (vasopresina y oxitocina)-
no van siempre en sintonía. Es evidente que están íntimamente relacionados, por
eso el sexo casual que surge a instancia de la testosterona,
puede complicarse y no ser tan casual, ya que, si la relación sexual es
satisfactoria, el orgasmo produce un pico de dopamina, que puede activar
el circuito de “amor romántico”, pudiendo provocar que uno se enamore
de alguien con quien solo pretendía tener sexo esporádico. Además del pico
dopaminérgico, también se produce una liberación masiva de vasopresina
y oxitocina, hormonas hipotalámicas del aquí y ahora, relacionadas
con el apego y responsables de esa unión cósmica que se siente
con alguien después de haber hecho el amor.
No
obstante, a pesar de la interconexión existente entre los tres sistemas, no
siempre es la misma persona la que los activa, de manera que es posible
sentir un profundo apego por una persona con la que uno haya
compartido gran parte de su vida mientras se siente un amor romántico
con otra persona y a la vez sentir una atracción sexual irrefrenable
por una tercera sin relación con las otras dos. Esto quiere decir que,
definitivamente, sí somos capaces de “amar” a más de una persona al
mismo tiempo, aunque “de manera diferente” dados los diferentes
circuitos cerebrales que se activan en cada caso. Esta situación nos puede
llevar a una especie de reunión de comité en nuestra cabeza, en la que se
dilucida la necesidad de estar con una persona por la que se siente un gran apego,
por una parte, y el deseo hacia otra por la que se siente un amor
romántico. A lo que se puede añadir el impulso sexual
hacia alguien que se cruza ocasionalmente en nuestra vida.

