domingo, 28 de abril de 2019

¿Fracaso de la Educación?

He ejercido mi actividad profesional como médico durante 35 años. En este periodo de tiempo he visto como algunas enfermedades relativamente prevalentes fueron disminuyendo hasta casi su desaparición. Me estoy refiriendo a casos como la tuberculosis, brucelosis, sarampión, tos-ferina, etc. Si como responsable de la salud de una población, los hijos de aquellos que vivieron cuando estas enfermedades hacían estragos, hoy se viesen afectados por ellas, bien por incompetencia, por negligencia o por falta de medios, consideraría que el sistema sanitario en general y yo como responsable del mismo en ese territorio habríamos fracasado. Un fracaso estrepitoso e imperdonable.
Pues bien, esa sensación de fracaso en el ámbito de la educación es lo que nos produce algunos acontecimientos políticos en nuestro país. Aunque el Informe Internacional para la Evaluación de Estudiantes, más conocido como “informe PISA” por sus siglas en inglés, en el que se analizan las competencias en tres áreas (lectura, matemáticas y ciencias naturales) lleva años situándonos por debajo de la media de los países estudiados, no son estos los aspectos más preocupantes del posible fracaso del sistema educativo. Son materias no evaluadas y que están  relacionadas con las humanidades, disciplinas que estudian el comportamiento, la condición y el desempeño del ser humano, en definitiva aquellas que nos hacen ser mejores personas a través del conocimiento de las culturas clásicas (¡Cuánto tendríamos que aprender de los griegos clásicos!), de la filosofía, antropología, sociología, ética, arte, etc. Materias cuyo objetivo está en desarrollar el pensamiento y la creatividad, e intentar que los seres humanos mejoremos en las relaciones entre nosotros y en la búsqueda de una sociedad más justa y solidaria en la que se respeten los Derechos Humanos a través del conocimiento y la ética.
¿Qué nos induce a pensar en ese supuesto fracaso? El hecho de que en una sociedad como la española, después de una guerra civil y una postguerra donde la pobreza, la miseria y la falta de libertades impuesta por una de las dictaduras más crueles del pasado siglo, finalmente se consigue una democracia, y  tras cuarenta años de la misma surge un “Neofranquismo” apoyado, no solo por los poderes facticos (Iglesia, Ejercito, Banca y Empresariado) todos ellos muy contaminados por el franquismo, sino por hijos o nietos de los que sufrieron la dictadura, es un espectáculo lamentable. Comprobar la facilidad con la que se abanderan causas partiendo de falsedades como catedrales, nunca mejor dicho. Así como el retorno a ese pasado,que creíamos superado,como solución a los problemas actuales resulta deprimente.
Respecto a las mentiras como catedrales me refiero a una declaración que he leído en prensa en la que el representante de esta corriente neofranquista ha dicho que “La Catedral de Córdoba siempre será de los cordobeses y no de los que nos quieren echar”. Es difícil decir más disparates y falsedades en una frase. Veamos, lo primero es que vuelve a amputar el nombre del monumento emblemático de la ciudad, como antaño hiciera su obispo, quitando del mismo la denominación por la que es conocido y valorado en todo el mundo, Córdoba incluida, que es su arquitectura como Mezquita. A continuación este señor dice que “siempre será de los cordobeses”, seguramente su obispo no le ha informado que ya no pertenece a los cordobeses sino a él, que precisamente no lo es, y cuya relevancia social es consecuencia de representar a una organización multinacional que tiene su base logística y de poder en un Estado extranjero, al que está subordinado y le debe obediencia. No se necesitan muchas neuronas funcionantes para comprender que en la actualidad la propiedad de la Mezquita-Catedral, desgraciadamente, no está en manos de los cordobeses. Precisamente por ello se ha creado un movimiento ciudadano, representado por la “Plataforma Mezquita-Catedral de todos”,que tiene  entre sus objetivos, aparte de“respetar el uso religioso por la iglesia”, que la propiedad vuelva a ser de los cordobeses y no de un obispo forastero y súbdito del Vaticano. Con respecto a “y no de los que nos quieren echar”, quienes vivimos en Córdoba y somos cordobeses no nos consta que nadie quiera echar a “no-sabemos-a-quién” “ni-de-dónde”, por lo que seguramente esté tan mal informado como sobre la propiedad de la Mezquita-Catedral.Es posible que la intención sea crear entre sus fieles seguidores un enemigo imaginario sobre el que generar odio y al que se le ira poniendo cara según sus intereses del momento. Es la imagen del trilero de feria que te distrae con el cubilete vacío para quedarse con el premio. Un disparate total, aunque peligroso.
Pero, ¿realmente ha fracasado la educación?  Eso dependerá de los objetivos que consideremos deseables. Desde la perspectiva de formar personas con capacidad crítica de pensamiento y con una ética humanista, empática y solidaria, situaciones como la comentada, nos hacen sospechar en algún tipo de fracaso.
Sin embargo si lo deseable fuese disponer de una población ignorante de su historia, acrítica y dispuesta a aceptar las mentiras por muy burdas que sean, receptiva a una narrativa nostálgica del “cualquier tiempo pasado fue mejor”, entonces el éxito ha sido completo.

Córdoba 14 de abril de 2019

miércoles, 24 de abril de 2019

Laicismo y Democracia


El sábado 23 de marzo se celebró en Córdoba una Jornada organizada por Europa Laica que llevaba el título genérico de “Laicismo y Democracia” y que ha sido un éxito total en tanto asistencia como a la calidad de las ponencias expuestas en la misma.
Resulta paradigmático que tras más de cuarenta años de democracia en nuestro país sea necesario que una organización como Europa Laica nos recuerde la necesidad de la laicidad como un pilar imprescindible a la hora de construir un Estado Democrático.
Más aún que lo sea una mesa redonda que con el título “El Laicismo y la Izquierda política”, en la que se pretendía que cada uno de los partidos invitados hiciese un análisis crítico de las prácticas laicistas de sus representantes. En ella junto a un representante de Europa Laica estaban invitados los tres partidos más representativos institucionalmente que se autocalifican de “izquierda” (PSOE, Izquierda Unida y Podemos), incluso uno de ellos, PSOE, se apropia el término mediante el eslogan “Somos la izquierda”. Precisamente el único que pese a haber confirmado su presencia faltó a la cita. A los partidos de la derecha española no tenía mucho sentido contar con ellos dado el carácter manifiestamente clerical del Partido Popular, heredero del nacional-catolicismo franquista, cuyos miembros se transmutaron en demócratas como mecanismo de supervivencia política pero no de convicción. En cuanto a Ciudadanos, recuerda a Groucho Marx: “Damas y caballeros, estos son mis principios. Si no les gustan tengo otros”.
Las razones de esta necesidad están en el desconocimiento, cuando no tergiversación intencionada, del significado de los términos y objetivos relacionados con la laicidad.
Es frecuente encontrarnos con la opinión de que la laicidad se reduce a estar en contra de lo religioso en general y de la iglesia, en nuestro caso la católica, en particular. Esta opinión procede de los cuarenta años de dictadura franquista, en la que existió un régimen teocrático, no olvidemos que el caudillo Franco según la narrativa de la época llegó a la jefatura del Estado por la gracia de Dios, y no por un golpe de estado contra un gobierno elegido democráticamente y que provocó una guerra civil. Durante este periodo de nuestra historia la simbiosis Iglesia-Estado alcanzó tal intensidad que resultaba difícil discernir donde terminaba uno y empezaba otra, por lo que cualquier oposición o crítica al primero se interpretaba, por extensión, a la iglesia y viceversa.
Esta situación se ha seguido de otros más de cuarenta años en democracia en la que las instituciones y los representantes políticos, de todos los colores, han soslayado esta cuestión de manera que hemos vivido, estamos aun viviendo, en un estado definido como aconfesional en la Constitución, pero que en la realidad es “criptoconfesional”, cuando no completamente confesional, ya que los tentáculos de la iglesia católica siguen penetrando en todos los ámbitos de la sociedad, Estado incluido.
Por ello se impone la necesidad de realizar una labor pedagógica al respecto, aclarando conceptos y objetivos.
Aunque en otros idiomas, como el francés, laicidad y laicismo se utilizan indistintamente por entender que son sinónimos, en nuestra lengua castellana, tan rica en matices, resulta conveniente hacer una distinción:
-          Entendemos por laicidad un principio que establece la separación entre la sociedad civil y la religiosa. Se trataría de establecer un régimen social de convivencia, en el que las instituciones políticas están legitimadas por la soberanía popular y no por elementos religiosos. Con ello se pretende un orden político que esté al servicio de los ciudadanos, en su condición de tales y no de sus identidades étnicas, nacionales, religiosas, etc.
Aplicada al Estado, la “Laicidad del Estado”, hace referencia a la condición de emancipación, es decir, de la liberación de la subordinación o dependencia del Estado de las organizaciones religiosas. Si consideramos, y deseamos, que el Estado no debe inmiscuirse en las conciencias de las personas, la laicidad es un requisito y una garantía de que se cumpla.                                                                            
En este sentido la laicidad implica dos cuestiones básicas:
1ª.- La distinción de dos ámbitos:
A) Lo Público, de los derechos comunes y de los Bienes y Servicios Públicos.
B) El Privado, de la libertad de conciencia y albedrio, dentro de las leyes.
2ª.- Los derechos fundamentales son de los individuos, no de las ideas abstractas, ni de las colectividades o de las organizaciones que las representan.                                                                            En lo referente a “Laicidad y Democracia”, si bien es cierto que “Estado democrático” lleva implícita la necesidad de laicidad como principio esencial, la laicidad por sí misma no garantiza la democracia, como podemos observar en algunos regímenes, tanto del pasado como actuales.
Por otro lado los tres pilares sobre los que descansa la laicidad son:
1.- La libertad de conciencia, lo que significa que la religión es libre pero solo compromete a los creyentes, y el ateísmo es, igualmente, libre pero solo compromete a los ateos.
2.- La igualdad de derechos, que impide todo privilegio público de la religión o del ateísmo. Con ello nos encontramos un valor ético consistente en “la igualdad ciudadana en el ámbito de lo público”, con lo que se intenta garantizar “el derecho a la diferencia sin diferencia de derechos”.
3.- La Universalidad de la acción pública, es decir, sin discriminación de ningún tipo.

Si la laicidad, como principio, designa la situación ideal de emancipación mutua de las instituciones religiosas y el Estado, el laicismo evoca el movimiento histórico de reivindicación de esta emancipación laica, en el que se recogen el cuerpo de ideas que conforman el pensamiento y las actuaciones orientadas a la consecución y defensa del Estado Laico, de la laicidad de sus instituciones y de la actuación consecuente de los cargos públicos en el ejercicio de sus funciones.
Ello supone un posicionamiento político de exigencia al Estado democrático del cumplimiento de la laicidad, posicionamiento en el que se deberían situar todos los representantes políticos que se postulen como demócratas al margen de sus creencias religiosas o no, lo contrario sería mantener posturas “criptoconfesionales”, abiertamente confesionales o peor aún teocráticas, todas ellas alejadas de la democracia.
El otro término que nos queda por aclarar es el de “laicista”, que hace referencia, o bien, a las personas partidarias del principio de la laicidad y del laicismo como movimiento para conseguirla, o al modelo de organización, en el que se aplican los principios de la laicidad en su estructura u organización.
Como dice A. Comte-Sponville en su Diccionario Filosófico: “El laicismo (la laicidad) nos permite vivir juntos, a pesar de nuestras diferencias de opinión y de creencia. Por eso es bueno. Por eso es necesario. No es lo contrario de la religión. Es, indisociablemente, lo contrario del clericalismo (que querría someter el Estado a la Iglesia) y del totalitarismo (que pretendería someter las Iglesias al Estado)”.

martes, 19 de febrero de 2019

Creer es fácil, lo difícil es razonar


En un artículo anterior (“El belén y la extraña familia”) tras comentar, con cierta ironía, aspectos irracionales de la llamada “sagrada familia” terminaba con la siguiente reflexión:
“Lo que me interesa destacar es que estamos ante un relato en el que se violan principios físicos y biológicos que cualquier persona por poco instruida que esté puede detectar fácilmente. Sin embargo sigue aceptándose como cierto por millones de personas. ¿Por qué?”

El biólogo E.O. Wilson recoge la esencia del problema cuando afirma:                                                                                                       
  “La predisposición para la creencia religiosa es la fuerza más compleja y poderosa en la mente humana y con toda probabilidad una parte imborrable de su naturaleza”.
En mi opinión, dado que las creencias religiosas constituyen un rasgo casi universal, resultado de impulsos heredados por presentar ventajas evolutivas para la supervivencia, resulta más interesante indagar en el por qué de las mismas que poner en evidencia los aspectos absurdos de su contenido. En consecuencia, su estudio, debe abordarse como un fenómeno natural centrado en la evolución de la especie en general y la del cerebro en particular. Teniendo presente que la presión evolutiva del cerebro lo ha sido en el sentido de la supervivencia y no de conocer la verdad. 
Desde esta perspectiva, las explicaciones creacionistas no nos son útiles, ya que nos remiten a la fe y los dogmas como argumento, que es tanto como decir que “las cosas son así porque si, y no necesitan ser demostradas”, en vez del análisis de los hechos desde la ciencia y las leyes de la naturaleza. Con lo que se limitan a “cubrir con un oscuro manto de ignorancia la luz de la razón”, suspendiendo la aplicación del razonamiento crítico ante hechos contrarios  a la lógica y al conocimiento científico.
Comenzaremos por distinguir dos fenómenos que suelen confundirse: espiritualidad y religiosidad. Entendemos por espiritualidad un rasgo de la naturaleza humana, que puede darse al margen de las creencias religiosas, descrito como “un sentimiento placentero con sensación de atemporalidad y de acceso a una segunda realidad que experimentamos de manera más vívida e intensa que la cotidiana como consecuencia de una hiperactividad de estructuras del cerebro emocional”. Por el contrario la religiosidad, del latín religare, o sea, unirse a dios, implica poseer dichas creencias. En definitiva, que la religión está basada en la espiritualidad y no se concibe sin ella, pero la espiritualidad puede existir, y de hecho existe, sin religión.
Para entender el sustrato biológico de las creencias religiosas son importantes tres dispositivos o módulos cerebrales relacionados con  “la conciencia espiritual”:
-          El denominado “Operador binario” descrito por el psicólogo Eugene D’Aquili, que analiza la realidad en términos opuestos, como la dicotomía yo-otro y que posiblemente sea el responsable de la “tendencia natural” a la dicotomía material-inmaterial, cuerpo-espíritu, que constituye la base del dualismo.
-          El “Dispositivo hipersensible de detección de agencia” (DHDA), descrito por el psicólogo Justin L. Barret, y que nos predispone a detectar en la naturaleza “agencias” parecidas a las humanas, de manera que atribuimos a los objetos y fenómenos naturales una capacidad o potestad de acción intencionada, que en realidad no existen. El DHDA nos predispone a cometer, lo que en estadística se conoce como, error de tipo 1 o falso positivo, consistente en  “creer que hay algo cuando en realidad no lo hay”, es decir “ver lo que no existe”. Resulta obvia la ventaja evolutiva para la supervivencia de dicho módulo, pues confundir una sombra de un árbol o una roca con un depredador no implica riesgos vitales, quizás solo un poco de estrés. Sin embargo los falsos negativos, pensar que la sombra es del árbol cuando corresponde a un depredador nos puede costar la vida.
-          El “módulo interprete”, descrito por M. Gazzaniga en pacientes con el cerebro dividido tras una “callosotomía” como tratamiento en algunos tipos de epilepsia. Dispositivo involucrado en la génesis de las creencias humanas, al estar en la base cerebral de una de las características primigenias del ser humano, su curiosidad y necesidad de “crear explicaciones a posteriori de todo lo que hacemos”. De manera que, aunque las razones sean inconscientes y por tanto desconocidas siempre elaboramos ad hoc un relato “coherente y no necesariamente verdadero”.
Con estos datos podemos avanzar una respuesta plausible a la pregunta origen del escrito.
Si nos retrotraemos a los albores de la humanidad, cuando nuestro cerebro emocional e intuitivo lo era casi todo, mientras que la corteza prefrontal, base del razonamiento, estaba en fase embrionaria. Nuestros primitivos antepasados, pertrechados de “mucha” intuición y “escasos” conocimientos para enfrentarse a los interrogantes que sus experiencias vitales les planteaban, como ¿Cuál es la diferencia entre un cuerpo vivo y un cuerpo muerto? ¿Qué ocurre tras la muerte? ¿Qué es lo que da origen al despertar, al sueño, al enajenamiento, a la enfermedad, a la muerte?  ¿Qué son las formas humanas que se aparecen en los sueños y en las visiones? ¿Quién causa las tormentas? etc, es plausible imaginar que, a través del soporte biológico de la espiritualidad, encontraran en las creencias animistas las respuestas que necesitaban. El animismo al considerar que los fenómenos naturales pueden y deben explicarse de la misma manera y por las mismas leyes que la actividad humana subjetiva, consciente y proyectiva, poblaba la naturaleza de mitos, atribuyendo una intencionalidad a dichos fenómenos y estableciendo entre la Naturaleza y los Humanos una “profunda alianza”, que al basarse en los mecanismos intuitivos del cerebro emocional más antiguos y potentes que las recientes regiones de la corteza prefrontal, aún perdura en nuestra civilización a través de las distintas doctrinas religiosas.
A los argumentos anteriores de su persistencia tenemos que añadir las ventajas evolutivas que las religiones han aportado a los grupos que las asumían, sobre todo por facilitar la cohesión y la salud del grupo.
Con estos soportes biológicos, la exposición desde la infancia a una cultura potenciadora de dogmas y mitos religiosos, nos conduce a una sociedad organizada en base a ritos como el ejemplo origen de este escrito.

jueves, 10 de enero de 2019

El Belén y “la extraña familia”.


Un año más nos encontramos inmersos en el llamado “Espíritu de la Navidad” que, contrariamente a lo que podríamos pensar, tiene más de material que de espiritual pues cada vez es mayor la incitación al consumo en detrimento de lo religioso.
En estas fechas bajo la envoltura del “buenismo” que impregna el ambiente se nos cuelan mensajes edulcorados con una fuerte carga ideológica sustentada en la irracionalidad y carente de sensatez. Podríamos decir que los cristianos han hecho realidad la profecía de Isaías: “Oíd con vuestros oídos, pero sin entender; mirad con vuestros ojos, pero sin comprender”.
Un elemento destacado en estas fechas, es la tradición católica del  Belén -también llamado “nacimiento”, “pesebre” o “portal”- que representa el nacimiento de Jesucristo y cuyos inicios se atribuyen a San Francisco de Asís en 1223. Esta costumbre se ha extendido hasta el punto de estar presente en la mayoría de los hogares, aunque en los últimos años le ha salido un importante competidor en el “árbol de Navidad”. Es un ritual muy extendido que las familias visiten los puntos de las diferentes localidades donde se exponen este tipo de representaciones dirigidas especialmente a la población infantil.
En el Belén se representa uno de los baluartes del cristianismo, la familia; nada menos que a la  “Sagrada Familia”, integrada por el “Niño Jesús”, la “Virgen María” y “San José”.  Si nos aproximamos a la misma sin dejarnos seducir por el discurso superficial e infantil al uso, nos daremos cuenta que estamos ante una “extraña familia” en la que nadie es lo que parece. Por ello resultan chocantes los mensajes de algunos obispos despotricando de cualquier alternativa a “su familia estándar”, tanto en lo referente a sus componentes como a los diferentes métodos de acceder a la paternidad. En fin, “ver la paja en ojo ajeno y no la viga en el propio”. Solo tendrían que mirar y ver las peculiaridades de la familia a la que adoran y que nos muestran como ejemplar.
No se trata de hacer una exégesis de las sagradas escrituras, sino de analizar y contrastar las circunstancias peculiares de estos personajes a la luz del propio conocimiento que de ellos se tiene a nivel popular y señalar los aspectos menos ostensibles y edificantes del relato.
Sin duda el personaje estrella de este cuadro es el bebé, que en realidad es Jesucristo, o sea, la forma humana del trino Dios cristiano (aunque para otros solo sea un profeta más).                                                                                        Las circunstancias que rodean la fecundación, el embarazo y parto de esta criatura es toda una antología del disparate, que me eximo de comentar por ser ampliamente conocida. Solamente señalar que al coincidir en el mismo “Ser”, el dios-padre y el hijo-de-dios, resulta que “el hijo es su propio padre”. Nos queda la duda si durante el desarrollo embrionario mantuvo sus capacidades divinas o quedaron en suspenso, ya que los textos sagrados no dicen nada al respecto.
El siguiente personaje en relevancia es la madre de la criatura, la virgen María. La simpatía y devoción que genera es de tal envergadura que dos mil años después de su supuesta existencia, se le siguen concediendo medallas y nombramientos honoríficos gracias a sus supuestos méritos, sin que gobernantes y jueces españoles del siglo XXI encuentren nada irracional en estos hechos.  
Según se nos cuenta, María que estaba prometida o casada (las fuentes no se ponen de acuerdo) con José, fue elegida por Dios para ser la madre de “su hijo” que era otra apariencia de sí mismo, por lo que quedó “embarazada de Dios y por Dios”. Hecho del que ella estuvo ajena hasta que fue informada por un emisario divino en forma de “Ángel”. Circunstancia que pone en evidencia el abuso de poder y la poca consideración por parte del Dios-Padre al elegir a una mujer comprometida para preñarla y utilizarla, sin previo acuerdo, como  “madre de alquiler”. Quizás sea casualidad pero resulta curioso que los poderosos terrenales, llámense reyes, duques, condes o terratenientes se convirtiesen en imitadores en el uso del poder, salvando las diferencias en cuanto a fines y medios, instaurando el tristemente famoso “derecho de pernada”.
En todo este embrollo reproductivo destaca la ausencia de sexo, lo que sirve de argumento a la iglesia para aleccionar a sus fieles en la procreación como fin del matrimonio y en modo alguno el disfrute sexual de los contrayentes.                                                                                                                                     
 El resultado fue el nacimiento de un hijo divino, pero ilegitimo, al que llamó Jesús (aunque existen escritos en los que se afirma que tuvo cuatro varones más y algunas hijas con José, no sabemos cómo pudo ocurrir dada la permanente virginidad de María).
En síntesis lo que observamos, si le quitamos la pátina sacra, es una mujer que sin tener sexo con varón alguno, queda misteriosamente embarazada de “alguien” que no es su esposo. No se puede decir que hubo adulterio por parte de María, sino más bien una “extraña inseminación” divina, de la que fue informada tras los hechos consumados.
Finalmente tenemos a José, en el papel de padre adoptivo. Personaje que, a pesar de verse inmerso en la paternidad sin haber tenido conocimiento carnal, se nos muestra aceptando resignadamente los acontecimientos y las “explicaciones” del relato. Y todo ello en un contexto de sometimiento de la mujer al varón. ¡Quizás la relevancia del agente implicado en el embarazo de su esposa tuviese algo que ver!
En todo este asunto interesa destacar que estamos ante un relato en el que se violan principios físicos y biológicos, que cualquier persona por poco instruida que esté puede detectar fácilmente. Sin embargo sigue aceptándose como cierto, o al menos sin cuestionarse, por millones de personas.
 ¿Por qué?

jueves, 15 de noviembre de 2018

Política y Espíritus

Según refieren las crónicas, en el siglo I de nuestra era, el emperador romano Calígula (12-41) nombró cónsul a su caballo Incitatus. Esta anécdota es interpretada por algunos como síntoma del deterioro de su salud mental y por otros como un hecho irónico con el que mostrar su desprecio a las instituciones públicas del Imperio, especialmente al Senado.
Veinte siglos después, en nuestro país, los regidores de decenas de Ayuntamientos democráticos han dado un paso más que el emperador Calígula, concediendo honores (medallas de oro de la ciudad) y nombrando como máxima autoridad del municipio (Alcaldesa) a imágenes representativas de entes sobrenaturales. Actualizando la tan criticada idolatría de los antiguos pueblos calificados como “paganos” por la propia Iglesia Católica.
No sabemos qué opinarán las generaciones futuras sobre estos hechos, si al igual que ocurrió con el emperador, las opiniones se dividirán entre los que cuestionen la salud mental de nuestros regidores municipales o los que, por el contrario, se decantarán por considerar que se trata de un acto que soslaya, vulnera e incumple el artículo 16 de la Constitución en su apartado 3. Hecho grave porque los Ayuntamientos son Estado y como tal lo encarnan y representan en su término municipal. El hecho de otorgar a una imagen religiosa  o de cualquier otra índole, los honores municipales reservados a personajes ilustres o a instituciones de valor cultural, científico, artístico o social y benéfico, constituye, se quiera o no, un acto de consciente o inconsciente desprecio a las instituciones públicas y al trabajo que en ellas se realiza.
Recientemente se ha celebrado, no sin polémica, el juicio ante la denuncia interpuesta por Europa Laica a la concesión de la medalla de oro de la ciudad de Cádiz a la imagen de la Virgen del Rosario, según afirman, por su “actuación” en la epidemia de peste de 1646, de fiebre amarilla en 1730 y en el maremoto de 1755, para lo cual se aportan como “pruebas” la interpretación que en su día hicieron los ciudadanos de la época, que no es otra que “la intervención milagrosa por parte de la Virgen” en respuesta a sus plegarias,  en los hechos citados. Según la RAE se define “milagro”, como un “hecho no explicable por las leyes naturales y que se atribuye a intervención sobrenatural de origen divino”.
Es comprensible que los gaditanos de los siglos XVII y XVIII no fueran capaces de explicar lo ocurrido usando las leyes naturales, es decir la ciencia, pues el método científico basado en el razonamiento y demostración empírica que se inició con Galileo estaba aún en pañales. Sin embargo causa perplejidad que sus paisanos de hoy utilicen las increíbles explicaciones dadas hace tres siglos para otorgar una condecoración en la actualidad. Al margen de que los asuntos “milagrosos” competen al Vaticano y no a las corporaciones municipales, que deberían guiarse en sus decisiones por el conocimiento científico y la ética. Ambos ausentes en los asuntos referidos, pues los conocimientos actuales en medicina y geología permiten explicar tales acontecimientos con leyes naturales y sin necesidad de recurrir a explicaciones esotéricas.
 Lamentablemente ciencia y ética están siendo sustituidas por la credulidad y la fe más primarias y superficiales, reflejo de la persistencia en la cultura moderna de las primitivas creencias animistas, que interpretan los fenómenos naturales dotados de intencionalidad y sujetos a la voluntad de seres sobrenaturales.
Creencias con profundas y vivaces raíces en el pensamiento de los humanos modernos, al dar respuesta, aunque ésta sea errónea, a un rasgo que caracteriza al ser humano como es la necesidad de buscar constantemente explicaciones y causas de las cosas, a lo que  se añade la influencia que ejercen las organizaciones religiosas en los sistemas educativos. 
Ante la necesidad de disponer de un relato “coherente, no necesariamente verdadero” de la realidad con la que interactuamos y, en este caso buscando la verdad como alternativa a los mitos religiosos, surge el conocimiento científico, basado en la razón y la experimentación, en contraste con las explicaciones religiosas que se basan en dogmas de fe, irracionales y no falsables.
Resulta obvia no solo la necesidad de establecer normas que regulen este tipo de actos donde aún no existan, de acuerdo con las prácticas de una sociedad moderna y civilizada como en la que se supone estamos, teniendo presente en su elaboración a la Constitución y la “Aconfesionalidad del Estado”, sino además de exigir la obligación de cumplirlas.                  
Velar por su cumplimiento, en lo referente a la legalidad, corresponde al poder político-judicial y en los aspectos éticos a aquellas organizaciones políticas, que asumiendo la laicidad del Estado en sus estatutos y programas, no deben permitir a sus miembros colaborar en estas cuestiones.
Mezclar la fe y la creencia en espíritus con las actividades del gobierno local, además de anacrónicas y fuera de lugar, resultan lesivas para el  mensaje de seriedad y rigor legal que los Ayuntamientos deben transmitir a todos sus conciudadanos.
Aunque la devoción y veneración por parte de amplios sectores de la población a la Virgen es un hecho innegable y respetable desde la libertad de conciencia de cada cual, ello no justifica que una institución estatal actúe en función de la fe, dejando de lado la razón, la ciencia y las normas democráticas por las que debe regirse.
Finalmente ante la expectativa de la sentencia del tribunal de justicia que juzga la concesión de dicha medalla, esperamos no se comporte como Pilatos, sino que se pronuncie contra esta actuación anacrónica y anticonstitucional, pues de no ser así, contrastaría con el celo y diligencia puesto por el poder político-judicial en recientes conflictos de la actualidad nacional.
Y todo ello sin entrar en las incoherencias con sus propios textos sagrados: 
                                
“No te harás ídolo, ni semejanza alguna de lo que está arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. 5 No los adorarás ni los servirás; porque yo, el SEÑOR tu Dios, soy Dios celoso” Éxodo, 10 mandamientos.

Antonio Pintor Álvarez. 
Córdoba Laica                                                                                                                           
José A. Naz Valverde. 
Córdoba Laica                                                                                                                                    
Julio Anguita González.
 Colectivo Prometeo.

viernes, 26 de octubre de 2018

Repetir, repetir, repetir.


Acerca del Informe de la Comisión de expertos sobre la Mezquita Catedral de Córdoba


En el juego del dominó una regla básica que los jugadores llevan a rajatabla consiste en repetir la misma ficha siempre que se pueda. Curiosamente el Cabildo y sus diocesanos, como buenos jugadores de dominó, utilizan la estrategia de repetir una y otra vez la misma cantinela en su empeño por apropiarse de la Mezquita-Catedral.
El sábado 15 de septiembre se hizo público el informe elaborado por la Comisión de expertos nombrada por el Ayuntamiento de Córdoba para argumentar histórica y judicialmente la titularidad pública de la Mezquita-Catedral.
En el citado informe un equipo de profesionales, de manera honesta, desinteresada y valiente, aporta un interesante relato sobre algunos acontecimientos relevantes para la cuestión que nos ocupa, y se exponen “dos características básicas en la historia del edificio que han persistido por encima de todos los cambios políticos o religiosos”:
-          La ligazón del edificio al Estado, tanto durante la etapa de la dinastía Omeya como posteriormente a la Corona de Castilla.
-          El fuerte vínculo afectivo de los cordobeses con respecto al monumento, tanto cuando siendo musulmanes era una Mezquita, como cuando siendo católicos se transformó en Catedral.
El informe concluye que la Mezquita-Catedral, aunque se mantiene en uso por la Iglesia Católica desde su consagración en 1236, no se dispone de documentación que acredite la propiedad de la misma, y por el contrario existen múltiples hechos que señalan al Estado como su propietario.
Se trata de unas conclusiones integradoras en las que no se excluye a nadie, se le sigue dando un protagonismo importante a la Iglesia, en lo relacionado con su uso para el culto, y se enriquece el desarrollo de las posibilidades que el monumento presenta al incluir a otras instituciones académicas, culturales y a la ciudadanía mediante sus representantes políticos, en la gestión del mismo. Además del impacto económico, que supondría para la ciudad, el hecho de que los ingresos obtenidos como consecuencia de las visitas turísticas dejen de ser “dinero negro” del que nada se sabe para convertirse en una fuente de ingresos transparente, tanto en cantidad como en el destino. Algo parecido a la máxima: “Dar al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios”, es decir, continuar con la parte del monumento correspondiente a la Catedral para uso del culto católico y dedicar el resto al enriquecimiento artístico y cultural para la ciudad y sus visitantes.
Ante el rigor y consistencia del informe, el Cabildo y sus aliados (feligreses, cofradías y Partido Popular) repiten de manera machacona a modo de letanía el mismo mantra: “la Mezquita-Catedral les pertenece desde 1236 por ser una donación del Rey Fernando III al obispado de la ciudad (Aunque sigan sin aportar documentación que lo justifique), que gracias a su cuidado el monumento se ha podido conservar en tan buen estado (A pesar de las abundantes referencias históricas de hechos, pasados y presentes, que demuestran el afán constante por borrar toda huella del legado Omeya y la abundante aportación económica por parte del Estado, en sus diferentes ámbitos, para la restauración del monumento) y que el proceso de inmatriculación se ha hecho de acuerdo a la ley (Afirmación que nadie discute, pues lo que se cuestiona es la legitimidad y el uso que se ha hecho de una ley injusta, antidemocrática y propia de una dictadura teocrática)”.
Este mantra ha calado hondo y se ha incrustado emocionalmente en una parte importante de la sociedad cordobesa, dificultando el dialogo con quienes de manera razonada, como hacen los autores del informe, exponen otro punto de vista.
Lo paradójico de esta cuestión es que quienes defienden que la propiedad del monumento siga perteneciendo a quien siempre fue su propietario, el Estado español y consecuentemente a todos los españoles, se les reprocha haber iniciado la polémica en torno a la Mezquita-Catedral, en vez de señalar al Obispado que en el año 2006, alteró el estatus del monumento al inmatricularlo a su nombre utilizando los privilegios que les otorgaba una ley franquista que permitía al Obispo, sin necesidad de aportar ninguna prueba, con solo su palabra  registrar cualquier inmueble a su nombre y figurar como propietario del mismo. El escándalo dentro y fuera de nuestras fronteras, alcanzó tal envergadura que el “piadoso” ministro Gallardón se vio obligado a derogarla. Aunque, eso sí, considerando legales todos los actos realizados bajo su amparo y dando un año de plazo para que entrara en vigor. En definitiva, una “amnistía registral” que ha permitido que la iglesia se apropie de miles de edificios de todo tipo y condición.
Por el contrario, quienes defienden la propiedad para una organización privada y dependiente de un Estado extranjero con lo que el monumento, al menos nominalmente, dejaría de pertenecer a España, son considerados defensores de su patria y de su patrimonio. Algo explicable como secuela de cuarenta años de dictadura teocrática, no olvidemos que Franco fue “caudillo de España por la gracia de Dios”, en los que la fusión Iglesia-Estado era absoluta. Situación que los gobiernos de la democracia han hecho poco por corregir. Así nos encontramos con municipios en los que hay dos autoridades en la alcaldía, una real de carne y hueso y otra virtual, perteneciente al mundo de los espíritus.
Sin embargo lo más desagradable e inaceptable de esta polémica es la falta de rigor documental en quienes defienden la propiedad de la iglesia y, lo que es peor, suplir esta carencia con el recurso a fantasmas para crear miedo y desazón entre la población. En ese sentido resulta lamentable las notas publicadas en la prensa local por parte de la Agrupación de Cofradías en las que para mostrar  su apoyo al Obispo recurren al insulto y descalificación personal de los autores del informe, atribuyéndoles  “abyectas conclusiones” para “intentar eliminar a los cristianos” entre otros disparates. O las del portavoz del cabildo que vuelve a la conspiración judeo-masónica y comunista para quitarles el monumento, no aclarando si se lo quedaría el PCE, sería para la internacional comunista, para Rusia, etc. O las insinuaciones de cierta prensa al relacionar la polémica con la amenaza del terrorismo yihadista.
En fin fantasmas y miedo en lugar de documentos y argumentos.



sábado, 30 de junio de 2018

La izquierda y el chalet de la discordia

“La vida es eso que pasa mientras estas distraído haciendo otros planes”, frase atribuida al genial músico John Lennon, que llevada al terreno político diriamos  “la política es eso que pasa mientras estamos distraídos en otras cosas”, lo que parece ocurrirle a organizaciones situadas bajo el término-paraguas  “izquierda”.
En un momento histórico en el que la denominación de “izquierda” en el terreno filosófico-político ha quedado conceptualmente debilitada, por el abandono o revisión de los viejos postulados (dictadura del proletariado, lucha de clases, clase obrera, etc.), resulta que el debate  que trasciende, de manera intensa y apasionada, es acerca de la compra de un chalet.
Que esta anécdota se haya convertido en el centro del debate político ¡con la que está cayendo, tanto a nivel nacional como autonómico!, se explica por la miseria intelectual en la que estamos instalados que hace del chismorreo, junto con el futbol, el deporte nacional.
Algunos psicólogos evolutivos consideran que el fundamento de las creencias de la mayoría de la gente es, simplemente, porque otros las tienen. En nuestro país, la católica-derecha ha tenido éxito en inculcar maliciosamente a la población la creencia en unos estereotipos sobre el estilo de vida que corresponde a quien se define de izquierdas, equiparándolo  a una especie de ermitaño, cutre y pobre.
La misma católica-derecha, que en su estilo de vida, aspira a ser próspera y rica sin reparar en medios. Y eso a pesar de que el Dios al que veneran y dicen obedecer les habló de no robar y les contó una historia sobre un camello, el ojo de una aguja y el reino de los cielos, dando a entender que no le caían bien los ricos. Curiosamente aquí no hay contradicción, para esos españoles, entre lo que se predica y lo que se hace. Seguramente porque asumen otra creencia, atribuida al clero, de “haz lo que yo diga pero no lo que yo haga” como medio para la salvación.
En el susodicho debate, grosso modo, se plantean dos opciones: los que piensan que “cada cual puede hacer con su dinero ganado honradamente lo que considere oportuno dentro de la legalidad” y los que recuerdan que los de izquierdas “como la mujer del Cesar no solo debe ser honrada sino también parecerlo”  y tirando de hemeroteca recuerdan “tu decías…”.
Ambas opciones están mal planteadas, pues no todo uso lícito de nuestra riqueza es éticamente correcto, ni tampoco es deseable vivir instalados en las apariencias.
Así que, al margen de lo oportuno o no de la dichosa compra, este hecho pone sobre la mesa una cuestión no resuelta dentro de la izquierda, consistente en establecer de manera explícita el marco aceptable del estilo de vida para quienes lideran o participan en organizaciones con esta ideología.
Si queremos hacer pedagogía sobre otro modelo social tenemos que predicar con el ejemplo mediante “gestos” que muestren la coherencia entre lo dicho y lo hecho. Con ello no quiero decir que las personas objeto de esta polémica no sean coherentes, sino que existe un vacio teórico que es utilizado por propios y extraños para a través de la crítica personal atacar  y desacreditar la ideología que representan.
Otra consecuencia del “debate” es un nuevo “anti” de la izquierda, así al anticapitalista, antiimperialista, antifascista, antiglobalización,  ahora tenemos el “anti chalet”.                         De nuevo se le hace el juego a la derecha mediática que define a la izquierda por lo que rechaza, proyectando una imagen negativa, en lugar de una alternativa que intenta construir un mundo en el que se respeten los Derechos Humanos y se proteja al planeta y su biodiversidad.
La izquierda actual debe abandonar la comodidad de la descalificación entre sus miembros y ser tolerante con la heterodoxia intelectual, la disidencia y la crítica interna.
Debe  debatir sobre el modelo de sociedad al que aspira, trasladando a la población las nuevas visiones y retos que defiende, como convertir en ley la solidaridad , que la fraternidad no sea solo un sentimiento sino algo que se impone en la praxis, hacer de la redistribución un instrumento para eliminar la desigualdad social que padecemos, que la cultura sea una exigencia y requisito del Estado y no un regalo o lujo, la protección social como elemento estructural y no como solución coyuntural ante las crisis, etc.
Una izquierda que se oponga a la apropiación por parte de las multinacionales de bienes vitales para la población: Agua, Aire, Tierra, Energía, Banca, Transporte, Educación, Sanidad, Vivienda…

Una izquierda que de acuerdo con la laicidad del Estado, traslade las manifestaciones religiosas al ámbito de lo privado sacándolas de lo público y actúe en consecuencia.

En definitiva una izquierda que diga la verdad como herramienta ética e intelectual sin camuflar sus dificultades en el camino hacia otro modelo social.


Este es el debate que nos tendría que apasionar.

martes, 21 de noviembre de 2017

¡ESCUCHA, españolito!




Me dirijo a ti, españolito, como parte de esos millones de personas que componen la “mayoría silenciosa” de nuestro país, bien porque se sitúan al margen de los avatares sociopolíticos, bien porque no necesitan elevar su voz para protestar al sentir que sus intereses están bien defendidos por quienes nos gobiernan. Silenciosa en lo referente a las cuestiones sociopolíticas, pero muy ruidosa y activa en lo que respecta a otras actividades como futbol, procesiones, romerías, y cualquier otro tipo de espectáculo de masas, porque ahí en la masa informe es donde te encuentras cómodo. Nombres como Rodríguez Delgado, Antonio Fernández de Molina, Ginés Morata o Emilio Lledó, seguro que no te dicen nada. Por el contrario Ronaldo o Messi, seguro que conoces hasta los últimos detalles de su intimidad. Y eso que los primeros, brillantes investigadores y filósofo, son andaluces. Si tuvieras que escoger entre una biblioteca y un estadio de futbol, sin duda optarías por lo segundo.
Y es que tú eres una “persona normal”, cuya normalidad viene establecida, no solo por su significado estadístico, sino por estar adaptada a las circunstancias del momento y no ser conflictiva para el estatus quo dominante. Quieres seguir siendo una “persona normal”, ajena a la política, los problemas sociales y medioambientales,  interesada en alcanzar, aunque la mayoría de las veces se quede solo en deseo, una posición económica solvente, disfrutar de tu futbol, tu coche de alta gama, tus programas televisivos, tus fiestas y tus compras en las grandes superficies. Satisfacer la necesidad biológica de pertenencia a un grupo, de formar parte de un “nosotros”, que a veces se transmuta en “patria”.
Para conocerte bien solo necesitamos ver los anuncios publicitarios, pues en ellos se refleja lo que te interesa, deseas y estas dispuesto a comprar y consumir.
Una “normalidad” que no ha sido elegida por ti sino que durante cuatro décadas un individuo pequeño física e intelectualmente pero grande en crueldad, designado “por la gracia de dios” para apropiarse del país y cuidar de los españoles, se encargó de implantar.  Aconsejando a los de su entorno “…haga como yo y no se meta en política” y encarcelando o asesinando a los díscolos “anormales” que no seguían su recomendación. Todo ello bendecido por su “decimo segunda pía santidad” y sus seguidores. “Normalidad” reforzada y actualizada por los gobernantes que le siguieron y por los mandatarios del mundo civilizado, esos que presiden las grandes multinacionales, las finanzas, los llamados hombres de Estado, los sindicatos subordinados, los partidos, los “intelectuales”, … y la maldita TV. Estos personajes te dicen que “eres libre”, cuando deberían decirte que “estas libre”, en el sentido de que careces, de la formación para gobernar tu vida y de la capacidad para valorar críticamente los hechos y la situación en la que estas. Libertad que se te otorga y usas para lo que más deseas y desean, consumir. Estos mismos personajes reclaman poder para ti, un poder que les has de trasladar para que te representen, momento en el que se desvanece tu poder, pues  nunca te rendirán cuentas. Aunque en realidad esto no supone ningún problema para ti, ya que tampoco tienes interés en ello.
Como “españolito normal” no quieres asumir la responsabilidad en tu alimentación, no te inquieta el colapso medioambiental, las condiciones de vida de los refugiados, el deterioro de la educación, la sanidad, el trabajo o que puedas estar equivocado en tu manera de pensar. Tus preocupaciones van por otros derroteros, como lo que puedan pensar tus vecinos, es decir “el qué dirán”, o si la honestidad puede suponerte alguna pérdida económica o freno en tu ascenso social. Tu seguridad te importa más que la verdad.
Por ello al “españolito normal” no le interesa conocer la verdad de lo que hacen aquellos a los que ha otorgado “su poder” mediante el voto, porque prefiere seguir ciego, sentirse seguro y creerse todo lo que dicen los medios (¡otra vez la maldita TV!) para no asumir su responsabilidad en las fechorías que sus representantes cometen, pero que quiéralo o no, es suya.
El problema es que ese poder otorgado y no controlado nos está llevando al desastre como país, al haber sido ocupados por delincuentes los estamentos de la nación. La corrupción y los escándalos son tantos y tan graves que a pesar del sometimiento y servilismo de los medios les es imposible ocultarlos, saliendo a la luz por rebosamiento. Ahí están las hemerotecas.
Son estos hechos los que me llevan a pensar que ello solo es posible por el silencio y complicidad de millones de españolitos, esos mismos que han recuperado la voz y sus banderas del futbol para gritar contra quienes han manifestado su deseo de expresar en las urnas su pertenencia o no al Reino de las Españas. Los mismos que han estado y siguen callados ante el saqueo de “su patria” desde las instituciones.

Que nuestro país, avanzando en estos momentos hacia la distopía (sociedad de características negativas causantes de la alienación humana), cambie su rumbo hacia una utopía donde se respeten los Derechos Humanos, se practique la honestidad en la vida política y social, se creen condiciones en las que amor, trabajo y conocimiento formen parte de su esencia depende que ese españolito de hoy centrado en ser un teleadicto “consumidor” y “patriota”, asuma una pequeña parcela de responsabilidad, se despoje de esa libertad otorgada para ser manipulado y tras conseguirla por sus propios medios, se transforme en ciudadano, informado y crítico, con capacidad para poder manejar su vida y tomar sus decisiones, controlando a quienes lo representan y exigiendo responsabilidad de sus acciones. ¡Ahí está nuestra utópica esperanza!

viernes, 29 de septiembre de 2017

Política, Empatía y Cataluña.

Domingo 24 de septiembre, en los informativos de TV aparecen personas de diferentes países unidos en un esfuerzo común: intentar sacar con vida a las personas atrapadas bajo los escombros de un edificio desplomado durante el terremoto en Méjico. Un desastre natural crea un entorno en el que sacamos lo mejor de la condición humana. Es un ejemplo del circuito cerebral de la empatía funcionando a tope.
Podemos definir la empatía como “la capacidad de reconocer lo que otra persona piensa o siente y reaccionar con una emoción adecuada”. Cuando la empatía se produce, suspendemos nuestro enfoque de atención único, centrado exclusivamente en nuestra mente, y adoptamos un enfoque de atención doble que tiene en cuenta la mente del otro. Ahí estaban los voluntarios poniéndose en el lugar de las victimas e intentando salvarlas.
Por la noche el periodista Jordi Évole entrevista al Presidente de Cataluña y a continuación Ana Pastor lo hace a la Ministra de Sanidad, ambos posicionados en criterios enfrentados ante la convocatoria del Referéndum en Cataluña. Aquí el circuito de empatía brilla por su ausencia. No aparece por parte de los entrevistados el más mínimo atisbo de entendimiento. Todo lo contrario, ambos instalados en “su verdad” y centrados en un enfoque de atención único, no solo son incapaces de tener en cuenta al otro para poder acercarse e  intentar resolver el conflicto, sino que ponen en marcha el dispositivo cerebral más efectivo para generar odio: “Nosotros-Ellos”.  Este mecanismo, instalado en las regiones más arcaicas de nuestro cerebro, útil para la supervivencia de nuestros antepasados en una época remota de su evolución, en la actualidad es una fuente de problemas si no conseguimos ponerlo bajo control de regiones cerebrales evolutivamente más recientes, como la Corteza Prefrontal. Su capacidad para anular la empatía y sacar lo peor del ser humano al deshumanizar, despersonalizar y en definitiva cosificar al “ellos”, nos pone en el disparadero para cometer cualquier atrocidad.
 Paradójicamente un desastre natural nos une para ayudarnos sin reparar en esfuerzos y sacrificios y unas normas elaboradas por supuestos seres “inteligentes” y “racionales” nos enfrentan a unos contra otros.
En mi opinión, los integrantes de ambos gobiernos (catalán y español), dada su incapacidad para solucionar un conflicto político y social con debates, negociaciones y acuerdos que se supone es su trabajo, no solo se comportan como unos incompetentes sino que son un peligro para las personas a las que gobiernan, al exaltar los sentimientos encontrados de los ciudadanos y poner la razón al servicio de la emoción llevándonos a un escenario de  “todos pierden”, en lugar de someter los sentimientos a la razón para hacernos pensar y desear estar unidos . Y todo ello, según dicen, ¡en defensa de “la democracia, la libertad y la justicia”!
Por otra parte resulta evidente la enorme hipocresía de los actores, ahora enfrentados, pero almas siamesas durante todo el periodo democrático, tanto en las políticas neoliberales como en la epidemia de corrupción de sus partidos.
Aunque reconozca el mal-hacer de ambos gobiernos en esta confrontación por la fractura social que han provocado,  me parece oportuno señalar un matiz diferencial.
 Tertulianos,  politólogos y portavoces de partidos en sus argumentos en contra del referéndum nos cuentan las condiciones en las que se intenta llevar a cabo y la falta de garantías democráticas del mismo, o sea, el “cómo”. Sin embargo, salvo raras excepciones, se suele  obviar el “por qué”, ya que ello les obligaría a reconocer que no están dispuestos a permitir que los ciudadanos de cualquier territorio puedan decidir libremente si desean seguir perteneciendo o no al reino de España, de ahí la prohibición, la falta de acuerdos y “al más cómo, menos por qué” en sus explicaciones. Siendo éste el debate que se necesita poner sobre la mesa sin ambigüedades.
Ambos gobiernos se acusan de ser transgresores de la legalidad, en un caso de la Constitución y en el otro de Derechos fundamentales.
En neuropsicología podemos distinguir dos tipos de transgresiones: “Transgresiones morales” (actos que violan los Derechos Humanos) y “Transgresiones convencionales” (actos que violan normas o convenciones sociales). Para distinguir entre ambas se utilizan test en los que se valora la “maldad” de una acción y si ésta seguiría siendo incorrecta de no existir ninguna regla que la prohibiera.
En el caso de las transgresiones morales sigue estando mal aunque la ley lo permita y en las convencionales desaparece la transgresión al cambiar la norma. Por ejemplo, moralmente no está bien dañar a otra persona, aunque la ley lo permita. La percepción de estas diferencias depende del desarrollo y actividad de una región cerebral (ángulo parieto-temporal derecho), que se produce a partir de los cuatro años. Si no funciona bien esta región nos encontraremos con una mente que, al ser incapaz de tener en cuenta el contexto, solo razona basándose en reglas y en consecuencia no encontrará diferencias entre ambas transgresiones. Existen mecanismos ambientales que pueden atenuar el adecuado funcionamiento de esta área.
 Si hacemos un ejercicio de simplificación del conflicto catalán y nos limitamos al derecho fundamental de  libertad de expresión,  vemos una importante  diferencia entre los que piden realizar un  referéndum, que pueden estar transgrediendo normas convencionales, por el contexto en que pretenden ejercer ese derecho, solucionable con el debate necesario indicado anteriormente y llegado el caso cambiar la norma, y quienes tienen como misión obstaculizarlo, y que en su intento, por muy respaldado por la legalidad vigente que esté, utilizan  medios que pueden estar transgrediendo lo ético  y los derechos humanos.

martes, 22 de agosto de 2017

La “normal” anormalidad


En 1969 la psiquiatra  Elisabeth Kübler-Ross dio a conocer lo que denominó las cinco etapas del duelo (Negación, Ira, Negociación, Depresión y Aceptación). Aunque no es necesario que se den todas, es deseable llegar a la fase de aceptación como condición para poder enfrentarse al problema sin autoengaños.
Este modelo que habitualmente  se utiliza en medicina para entender y ayudar a las personas cuando se les diagnostica una enfermedad grave, también es válido para cualquier situación trágica de la vida social.
Al observar nuestro entorno podemos identificar suficientes síntomas que nos hacen sospechar que la salud democrática de nuestro país está muy deteriorada. Tenemos una sociedad enferma desde una óptica política aunque la mayoría, instalados en la negación, siga sin querer aceptar el diagnostico.
Posiblemente el mal que más daño causa a un sistema democrático es la corrupción, tanto si afecta a las instituciones, los partidos políticos o a los ciudadanos. Siendo máxima su letalidad cuando es sistémica y se expande por todo el tejido social.
Por ello, la corrupción que afecta al Partido Popular la podemos calificar de “situación trágica” para el propio partido y, al ser el partido gobernante, para el resto del país.
Si le aplicamos el modelo de Kübler-Ross observamos que el Partido Popular sigue de manera tozuda aferrado a la primera fase, es decir, la negación.  Solo, en algún caso concreto, cuando los hechos son tantos y las pruebas tan evidentes que no puede seguir negando la evidencia, pasa a la segunda fase: la ira. Sin embargo esta ira, en contra de lo que cabría esperar, no suele dirigirse a los miembros corruptos de su partido, sino hacia quienes los han puesto en evidencia.
El ejemplo paradigmático de la falta de salud democrática en nuestro país lo hemos tenido recientemente cuando al Presidente del gobierno de España, al estar “supuestamente” implicado el partido que preside, se le ha citado para declarar como testigo en uno de los mayores casos de corrupción de nuestro país.
Una vez fracasado el intento de no acudir físicamente al tribunal, mediante la alternativa de declarar a través de una pantalla de plasma a la que tan aficionado es, ha explicado que su comparecencia es algo “normal”.
Que situaciones o hechos nada deseables sean percibidos como algo “normal”, da que pensar.
Estadísticamente se considera “normal” lo que es frecuente. En el asunto que tratamos, por desgracia, es “normal” por cotidiano que miembros y cargos públicos del Partido Popular pasen por los juzgados a declarar, pero en modo alguno lo es que un Presidente de Gobierno en activo tenga que hacerlo. Es algo tan excepcional que se trata de  la primera vez en nuestro país. Del resto de los países de nuestro entorno europeo no me consta, pues solo tengo información de lo que ocurre en Venezuela. Así que su comparecencia será normal si lo hace como miembro del Partido Popular y anormal si es como Presidente del Gobierno.
La otra posibilidad es que usara “normal” según la define el diccionario de la RAE: “que se halla en su estado natural”. Dudo que el Sr. Rajoy quisiera transmitir a la audiencia que el estado natural de los cargos públicos del Partido Popular es ir a los tribunales de justicia, bien como testigos o como imputados en los “supuestos” delitos de su partido.  
Ante la manera en que se han desarrollado los acontecimientos, tanto en el tribunal como en la cobertura mediática, da la impresión que se ha pasado a la fase de Negociación.  
Así se nos ha dicho que ha ido a declarar como un ciudadano español y por eso en vez de entrar a pie para recibir el “calor y la simpatía” de los ciudadanos, ha entrado de incognito a través del garaje por el sitio reservado a jueces, fiscales y demás miembros de los poderes del Estado. Se le ha sentado junto al tribunal, y no en el sitio normal de los testigos y ha sido protegido férreamente por el presidente del tribunal ante las preguntas “impertinentes e inapropiadas” de los abogados.
Los medios (especialmente TVE y los periódicos de ámbito nacional -El País, el Mundo y ABC-) lo han tratado como algo “normal” y sin interés para los españoles, en contraste con la situación político social en Venezuela que nos tiene en un sin vivir y que es lo verdaderamente importante para el pueblo español junto con el fichaje de algún futbolista y el empeño de un grupo de catalanes exaltados en romper España mediante un referéndum.

El problema para nuestro país, es que mientras los responsables del Partido Popular, que es el que dispone de mayor apoyo electoral, no sientan tristeza y dolor por las consecuencias de la corrupción en el trágico deterioro de la salud democrática y pase a la fase de Aceptación como única manera de hacer frente con valentía para realizar la terapia que necesita, la corrupción será parte consustancial en nuestra sociedad y será considerada un problema menor y “normal” al que no hay que prestarle mucha atención por “no ser pertinente”.
Obviamente la mejor solución pasaría porque los ciudadanos, en general, no tolerásemos la corrupción política en ningún ámbito, pero esto hoy por hoy en nuestro país es como pedir peras al olmo.